El León y el Ratón.

Estaba un Ratoncillo aprisionado
En las garras de un León: el desdichado
En la tal ratonera no fué preso
Por ladrón de tocino ni de queso,
Sino porque con otros molestaba
Al León que en su retiro descansaba.
Pide perdón llorando su insolencia;
Al oír implorar la real clemencia,
Responde el rey en majestuoso tono:
(No dijera más Tito)—Te perdono.
Poco después, cazando el León, tropieza
En una red oculta en la maleza;
Quiere salir, mas queda prisionero:
Atronando la selva, ruge fiero.
El libre Ratoncillo, que lo siente,
Corriendo llega, roe[222] diligente
Los nudos de la red, de tal manera,
Que al fin rompió los grillos de la fiera.
Conviene al poderoso
Para[223] los infelices ser piadoso:
Tal vez se puede[224] ver necesitado
Del auxilio de aquel más desdichado.

FÁBULA XIII

Las Liebres y las Ranas.

Asustadas las Liebres de un estruendo,
Echaron á correr todas diciendo:
«Á quien la vida cuesta tanto susto,
La muerte causará menos disgusto.»
Llegan á una laguna de esta suerte
Á dar en lo profundo con la muerte.
Al ver á tanta Rana, que asustada
Á las aguas se arroja á su llegada:
«—¡Hola! dijo una Liebre[225] ¿con que hay otras
Tan tímidas que aun tiemblan de nosotras?
Pues suframos como ellas el destino»:
Conocieron sin más su desatino.
Así la suerte adversa es tolerable,
Comparada con otra miserable[226].

FÁBULA XIV

El Gallo y el Zorro.

Un Gallo muy maduro
De edad provecta, duros espolones,
Pacífico y seguro,
Sobre un árbol oía las razones
De un Zorro muy cortés y muy atento,
Más elocuente cuanto más hambriento.
—Hermano, le decía,
Ya cesó entre nosotros una guerra,
Que cruel repartía
Sangre y plumas al viento y á la tierra:
Baja, daré para perpetuo sello
Mis amorosos brazos á tu cuello.
—Amigo de mi alma,
Responde el Gallo, ¡qué placer inmenso
En deliciosa calma
Deja esta vez mi espíritu suspenso!
Allá bajo, allá voy tierno y ansioso
Á gozar en tu seno mi reposo;
Pero aguarda un instante
Porque vienen ligeros como el viento[227],
Y ya están adelante
Dos correos que llegan al momento,
De esta noticia portadores fieles,
Y son, según la traza, dos lebreles.
—Á Dios, á Dios, amigo,
Dijo el Zorro, que estoy muy ocupado;
Luego hablaré contigo
Para finalizar este tratado.
El Gallo se quedó lleno de gloria,
Cantando en esta letra su victoria:
Siempre trabaja en su daño
El astuto engañador:
Á un engaño hay otro engaño,
Á un pícaro otro mayor[228].