FÁBULA XV
El León y la Cabra.
Un señor León andaba como un perro
Del valle al monte, de la selva al cerro,
Á caza, sin hallar pelo ni lana[229],
Perdiendo la paciencia y la mañana.
Por un risco escarpado
Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado,
De modo que parece que se empeña
En hacer creer al León que se despeña.
El pretender seguirla fuera en vano:
El cazador entonces cortesano[230]
La dice:—Baja, baja, mi querida,
No busques precipicios á tu vida:
En el valle frondoso
Pacerás á mi lado con reposo.
—¿Desde cuándo, señor, la real persona
Cuida con tanto amor de la barbona[231]?
Esos halagos tiernos
No son por bien, apostaré los cuernos.
Así le respondió la astuta Cabra;
Y él se fué sin replicar palabra.
Lo paga la infeliz con el pellejo,
Si toma sin examen el consejo.
FÁBULA XVI
La Hacha y el Mango.
Un hombre, que en el bosque se miraba[232]
Con una Hacha sin Mango, suplicaba
Á los árboles diesen la madera[233]
Que más sólida fuera,
Para hacerle uno fuerte y muy durable.
Al punto la arboleda[234] innumerable
Le cedió el acebuche. Y él contento,
Perfeccionando luego su instrumento,
De rama en rama va cortando á gusto
Del alto roble el brazo más robusto.
Ya los árboles todos recorría,
Y mientras los mejores elegía,
Dijo la triste Encina al Fresno: «Amigo,
¡Infeliz del que ayuda á su enemigo!»
FÁBULA XVII
La Onza y los Pastores.