En una trampa una Onza inadvertida
Dió mísera caída.
Al verla sin defensa,
Corrieron á la ofensa
Los vecinos Pastores,
No valerosos, pero sí traidores.
Cada cual por su lado
La maltrataba airado,
Hasta dejar sus fuerzas desmayadas,
Unos á palos, otros á pedradas:
Al fin la abandonaron por perdida.
Pero viéndola dar muestras de vida,
Cierto Pastor, dolido de su suerte,
Por evitar su muerte,
Le arrojó la mitad de su alimento,
Con que pudiese recobrar aliento.
Llega la noche, témplase la saña,
Marchan á descansar á la cabaña,
Todos con esperanza muy fundada
De hallarla muerta por la madrugada[235].
Mas la fiera entre tanto,
Volviendo poco á poco del quebranto,
Toma nuevo valor y fuerza nueva;
Salta, deja la trampa, va á su cueva,
Y al sentirse del todo reforzada,
Sale ligera, pero más airada.
Ya destruye ganados,
Ya deja á los Pastores destrozados;
Nada aplaca su cólera violenta,
Todo lo tala, en todo se ensangrienta;
El buen Pastor, por quien tal vez vivía,
Lleno de horror, la vida le pedía.
—No serás maltratado,
Dijo la Onza, vive descuidado;
Que yo sólo persigo á los traidores
Que me ofendieron, no á mis bienhechores.
Quien hace agravios, tema la venganza:
Quien hace bien, al fin el premio alcanza.

FÁBULA XVIII

El Grajo vano[236].

Con las plumas de un Pavo
Un Grajo se vistió: pomposo y bravo[237]
En medio de los pavos se pasea.
La manada lo advierte, lo rodea,
Todos le pican, burlan y lo envían,
¿Dónde, si ni los grajos lo querían?
¿Cuánto ha que repetimos este cuento,
Sin que haya en los plagiarios escarmiento[238]?

FÁBULA XIX

El Hombre y la Comadreja.

Así decía cierta Comadreja
Á un Hombre que la había aprisionado:
—¿Por qué no me dejáis[239]? ¿Os he yo dado
Motivo de disgusto ni de queja?
¿No soy la que desvanes y rincones,
Tu casa toda, cual si fuese mía,
Cuidadosa registro noche y día,
Para que vivas libre de ratones?—
—¡Gran fineza por cierto!
El Hombre respondió: pues di, ladrona,
Si tu glotonería no perdona
Ni á ratón vivo, ni á cochino muerto,
Ni á cuanto guardan ruines despenseras,
¿Cómo he de creer que tu cuidado apura
Por mi bien los ratones? ¡Qué locura!
No tendría yo malas tragaderas[240]:
Morirás. Y el astuto que pretenda
Vender como fineza lo que ha hecho
Sin mirar á más fin que á su provecho,
Sabra que hay en el mundo quien lo entienda.

FÁBULA XX

Batalla de las Comadrejas y los Ratones.