FÁBULA XIX
La Oveja y el Ciervo.
Un celemín[311] de trigo
Pidió á la Oveja el Ciervo, y la decía:
—Si es que usted de mi paga desconfía,
Á presentar me obligo
Un fiador desde luego,
Que no dará lugar á tener queja.
—¿Y quién es éste? preguntó la Oveja.
—Es un lobo abonado, llano y lego.
—¡Un lobo! ya; mas hallo un embarazo:
Si no tenéis más fincas que él sus dientes,
Y tú los pies para escapar valientes,
¿Á quién acudiré cumplido el plazo?
Si, quién es el que pide y sus fiadores,
Antes de dar prestado se examina,
Será menor, sin otra medicina,
La peste de los malos pagadores.
FÁBULA XX
La Alforja.
En una Alforja al hombro
Llevo los vicios;
Los ajenos delante,
Detrás los míos.
Esto hacen todos;
Así ven los ajenos,
Mas no los propios.
FÁBULA XXI
El Asno infeliz.
Yo conocí un Jumento[312]
Que murió muy contento,
Por creer (y no iba fuera de camino)
Que así cesaba su fatal destino.
Pero la adversa suerte,
Aun después de su muerte,
Le persiguió: dispuso que al difunto
Le arrancasen el cuero[313] luego al punto
Para hacer tamboriles
Y que en los regocijos pastoriles
Bailasen las zagalas en el prado
Al son de su pellejo vaqueteado.
Quien por su mala estrella es infelice,
Aun muerto lo será: Fedro lo dice.