FÁBULA XVI
La Gata mujer[302].
Zapaquilda la bella
Era Gata doncella
Muy recatada, no menos hermosa:
Queríala su dueño por esposa
Si Venus consintiese,
Y en mujer á la Gata convirtiese.
De agradable manera
Vino en ello la diosa placentera;
Y ved á Zapaquilda en un instante
Hecha moza gallarda, rozagante.
Celébrase la boda;
Estaba ya la sala nupcial toda
De un lucido concurso coronada;
La novia relamida, almidonada
Junto al novio galán enamorado;
Todo brillantemente preparado;
Cuando quiso la diosa
Que cerca de la esposa
Pasase un ratoncillo de repente.
Al punto que le ve, violentamente,
Á pesar del concurso y de su amante,
Salta, corre tras él, y échale el guante.
Aunque del valle humilde á la alta cumbre
Inconstante nos mude la Fortuna,
La propensión del natural es una
En todo estado, y más con la costumbre.[303]
FÁBULA XVII
La Leona y el Oso.
Dentro de un bosque obscuro y silencioso,
Con un rugir continuo y espantoso,
Que en medio de la noche resonaba,
Una Leona á las fieras inquietaba.
Dícela[304] un Oso:—Escúchame una cosa:
¿Qué tragedia horrorosa,
Ó qué sangrienta guerra,
Qué rayos, ó qué plagas á la tierra
Anuncia tu clamor desesperado
En el nombre de Júpiter airado?
—¡Ah! mayor causa tienen mis rugidos.
Yo, la más infeliz de los nacidos,
¿Cómo no moriré desesperada
Si me han robado el hijo? ¡ay desdichada!
—¡Hola! ¿conque eso es todo?
Pues si se lamentasen de ese modo
Las madres de los muchos que devoras,
Buena música hubiera á todas horas.
¡Vaya! ¡vaya! consuélate como ellas,
No nos quiten el sueño tus querellas.
Á desdichas y males
Vivimos condenados los mortales.
Á cada cual no obstante le parece,
Que de esta ley una excepción merece.
Así nos conformamos con la pena,
No cuando es propia, si cuando es ajena.[305]
FÁBULA XVIII
El Lobo y el Perro flaco.
Distante de la aldea
Iba cazando un Perro
Flaco, que parecía
Un andante esqueleto.
Cuando menos lo piensa,
Un Lobo le hizo preso.
Aquí de sus clamores,
De sus llantos y ruegos.
—Decidme, señor Lobo,
¿Qué queréis de mi cuerpo,
Si no tiene otra cosa
Que huesos y pellejo?
Dentro de quince días
Casa á su hija mi dueño
Y ha de haber para todos
Arroz y gallo muerto[306].
Dejadme[307] ahora libre,
Que, pasado este tiempo,
Podrás comerme á gusto,
Lucio, gordo y relleno.—
Quedaron convenidos,
Y apenas se cumplieron
Los días señalados,
El Lobo buscó al Perro.
Estábase[308] en su casa
Con otro compañero,
Llamado Matalobos[309],
Mastín de los más fieros:
Salen á recibirle
Al punto que le vieron;
Matalobos bajaba
Con corbatín de hierro.
No era el Lobo persona
De tantos cumplimientos,
Y así por no gastarlos,
Cedió de su derecho.
Huía, y le llamaban;
Mas él iba diciendo
Con el rabo entre piernas:
Pies, ¿para qué os quiero?
Hasta los niños saben
Que es de mayor aprecio
Un pájaro en la mano,
Que por el aire ciento.[310]