De la rama de un árbol un Carnero
Degollado pendía;
En él á sangre fría
Cortaba el remangado carnicero.
El rebaño inocente,
Que el trágico espectáculo miraba,
De miedo ni pacía, ni balaba.
Un Jabalí gritó:—Cobarde gente,
Que miráis la carnívora matanza[331],
¿Cómo no os vengáis del enemigo?
—Tendrá (dijo un Carnero) su castigo;
Mas no de nuestra parte la venganza.
La piel, que arranca con sus propias manos,
Sirve para los pleitos y la guerra,
Las dos mayores plagas de la tierra,
Que afligen á los míseros humanos.
Apenas nos desuellan, se destina
Para hacer pergaminos[332] y tambores:
Mira cómo los hombres malhechores
Labran en su maldad su propia ruina.

FÁBULA IV

El Raposo, la Mujer y el Gallo.

Con las orejas gachas
Y la cola entre piernas,
Se llevaba un Raposo
Un Gallo de la aldea.
Muchas gracias al alba,
Que pudo ver la fiesta,
Al salir de su casa,
Juana la madruguera[333].
Como una loca grita:
—Vecinos, que le lleva;
Que es el mío, vecinos.
Oye el Gallo las quejas,
Y le dice al Raposo:
—Díle que no nos mienta,
Que soy tuyo y muy tuyo.
Volviendo la cabeza
Le responde el Raposo:
—¿Oyes, gran embustera?
No es tuyo, sino mío;
Él mismo lo confiesa.
Mientras esto decía,
El Gallo libre vuela,
Y en la copa de un árbol
Canta que se las pela.
El Raposo burlado
Huyó ¡quién lo creyera!
Yo, pues, á más de cuatro
Muy zorros en sus tretas,
Por hablar á destiempo,
Los ví perder la presa.

FÁBULA V

El Filósofo y el Rústico.

La del alba sería
La hora en que un Filósofo salía
Á meditar al campo solitario,
En lo hermoso y lo vario
Que á la luz de la aurora nos enseña
Naturaleza, entonces más risueña.
Distraído, sin senda caminaba,
Cuando llegó á un cortijo, donde estaba
Con un martillo el Rústico en la mano,
En la otra un milano,
Y sobre una portátil escalera.
—¿Qué haces de esa manera?
El Filósofo dijo.

—Castigar á un ladrón de mi cortijo,
Que en mi corral ha hecho más destrozos,
Que todos los ladrones en Torozos.
Le clavo en la pared... ya estoy contento...
Sirve á toda tu raza de escarmiento.
—El matador es digno de la muerte,
El Sabio dijo: mas si de esa suerte
El milano merece ser tratado,
¿De qué modo será bien castigado
El hombre sanguinario, cuyos dientes
Devoran á infinitos inocentes,
Y cuenta como mísera su vida,
Si no hace de cadáveres comida?
Y aun tú, que así castigas los delitos,
Cenarías anoche tus pollitos[334].
—Al mundo le encontramos de este modo,
Dijo airado el patán[335]; y sobre todo,
Si lo mismo son hombres que milanos,
Guárdese no le pille entre mis manos.
El Sabio se dejó de reflexiones.
Al tirano le ofenden las razones,
Que demuestran su orgullo y tiranía:
Mientras por su sentencia cada día
Muere (viviendo él mismo impunemente)
Por menores delitos otra gente.

FÁBULA VI