La Pava y la Hormiga.
Al salir con las yuntas
Los criados de Pedro,
El corral se dejaron
De par en par abierto.
Todos los pavipollos
Con su madre se fueron,
Aquí y allí picando
Hasta el cercano otero[336].
Muy contenta la Pava
Decía á sus polluelos[337]:
—Mirad, hijos, el rastro
De un copioso hormiguero.
Ea, comed hormigas,
Y no tengáis recelo,
Que yo también las como:
Es un sabroso cebo.
Picad, queridos míos:
¡Oh qué días los nuestros,
Si no hubiese en el mundo
Malditos cocineros!
Los hombres nos devoran,
Y todos nuestros cuerpos
Humean en las mesas
De nobles y plebeyos.
Á cualquier fiestecilla
Ha de haber pavos muertos.
¡Qué pocas Navidades[338]
Contaron mis abuelos!
¡Oh glotones humanos,
Crueles carniceros!—
Mientras tanto una Hormiga
Se puso en salvamento
Sobre un árbol vecino,
Y gritó con denuedo:
—¡Hola! ¿con que los hombres
Son crueles, perversos?
Y ¿qué seréis los Pavos?
¡Ay de mí! ya lo veo:
Á mis tristes parientes,
¿Qué digo? á todo el pueblo,
Sólo por desayuno
Os le vais engullendo.—
No respondió la Pava
Por no saber un cuento,
Que era entonces del caso
Y ahora viene á pelo.
Un gusano roía
Un grano de centeno;
Viéronle las Hormigas:
¡Qué gritos! ¡qué aspavientos!
—Aquí fué Troya[339] (dicen):
Muere, pícaro perro.
Y ellas ¿qué hacían? Nada:
Robar todo el granero.
Hombres, Pavos, Hormigas,
Según estos ejemplos,
Cada cual en su libro
Esta moral tenemos.
La falta leve en otro
Es un pecado horrendo;
Pero el delito propio
No más que pasatiempo.
FÁBULA VII
El Enfermo y la Vision
—«¡Con que de tus recetas exquisitas
(Un enfermo exclamó) ninguna alcanza!
El médico se fué sin esperanza,
Contando por los dedos sus visitas.»
Así desengañado,
Y creciendo por horas su dolencia,
De este modo examina su conciencia:
—«En todos mis contratos he logrado
(No lo niego) ganancia muy segura:
Trabajé en calcular mis intereses.
Aumenté mi caudal en pocos meses,
Más por felicidad que por usura.
Sin rencor ni malicia
Hice que á mi deudor pusiesen preso:
Murió pobre en la cárcel, lo confieso;
Mas en fin es un hecho de justicia.
Si por cierto instrumento[340]
Reduje una familia muy honrada
Á pobreza extremada,
Algún día leerán mi testamento.
Entonces, muerto yo, se hará patente
En la tierra, lo mismo que en el cielo,
Para alivio de pobres y consuelo,
Mi caridad ardiente.»
Una Visión se acerca, y dice:—Hermano,
La esperanza condeno
Del que aguarda á morir para ser bueno:
Una acción de piedad está en tu mano.
Tus prójimos, según sus oraciones,
Están necesitados:
Para ser remediados
Han menester siquiera cien doblones[341].
—¡Cien doblones! ¡No es nada!
Y si, porque Dios quiera, no me muero,
Y después me hace falta ese dinero,
¿Sería caridad bien ordenada?
—Avaro ¿te resistes? Pues al cabo
Te anuncio que tu muerte está cercana.
—¿Me muero?... Pues que esperen á mañana.
La Visión se volvió sin un ochavo[342].
FÁBULA VIII
El Camello y la Pulga.