La Muerte.
Pensaba en elegir la reina Muerte
Un ministro de Estado[347].
Le quería de suerte
Que hiciese floreciente su reinado.
—El Tabardillo, Gota, Pulmonía,
Y todas las demás enfermedades,
Yo conozco, decía,
Que tienen excelentes calidades.
Mas ¿qué importa? La Peste[348], por ejemplo,
Un ministro sería sin segundo;
Pero ya por inútil la contemplo
Habiendo tanto médico en el mundo.
Uno de estos elijo... Mas no quiero,
Que están muy bien premiados sus servicios
Sin otra recompensa que el dinero[349].—
Pretendieron la plaza algunos vicios,
Alegando en su abono mil razones.
Consideró la reina su importancia,
Y, después de maduras reflexiones,
El empleo ocupó la Intemperancia.
FÁBULA XII
El Amor y la Locura.
Habiendo la Locura
Con el Amor reñido,
Dejó ciego de un golpe
Al miserable niño.
Venganza pide al cielo
Venus, ¡mas con qué gritos!
Era madre y esposa,
Con esto queda dicho.
Queréllase á los dioses
Presentando á su hijo:
—¿De qué sirven las flechas,
De qué el arco á Cupido,
Faltándole la vista,
Para asestar sus tiros?
Quítensele las alas,
Y aquel ardiente cirio,
Si á su luz ser no pueden
Sus vuelos dirigidos.—
Atendiendo á que el Ciego
Siguiese su ejercicio,
Y á que la delincuente
Tuviese su castigo,
Júpiter, presidente
De la asamblea, dijo:
—Ordeno á la locura
Desde este instante mismo,
Que eternamente sea
De Amor el lazarillo[350].