Una fresca mañana
En el florido campo
Un Poeta buscaba
Las delicias de mayo.
Al peso de las flores
Se inclinaban los ramos,
Como para ofrecerse
Al huésped solitario.
Una Rosa lozana,
Movida al aire blando,
Le llama, y él se acerca;
La toma, y dice ufano:
—Quiero, Rosa, que vayas
No más que por un rato
Á que la hermosa Clori[359]
Te reciba en su mano.
Mas no, no, pobrecita[360],
Que si vas á su lado,
Tendrás de su hermosura
Unos celos amargos.
Tu süave fragancia,
Tu color delicado,
El verdor de tus hojas,
Y tus pimpollos caros
Entre estas florecillas
Pueden ser alabados;
Mas junto á Clori bella
Es locura pensarlo.
Marchita, cabizbaja
Te irías deshojando,
Hasta parar tu vida
En un desnudo cabo.
La Rosa, que hasta entonces
No despegó sus labios,
Le dijo resentida:
—Poeta chabacano,
Cuando á un héroe quieras
Coronar con el lauro,
Del jardín de sus hechos
Has de cortar los ramos.
Por labrar su corona,[361]


No es justo que tus manos
Desnuden otras sienes
Que la virtud y el mérito adornaron.

FÁBULA IV

El Buho y el Hombre.

Vivía en un granero retirado
Un reverendo Buho, dedicado
Á sus meditaciones,
Sin olvidar la caza de ratones.
Se dejaba ver poco, mas con arte:
Al Gran Turco imitaba en esta parte.
El dueño del granero
Por azar advirtió que en un madero
El pájaro nocturno
Con gravedad estaba taciturno.
El Hombre le miraba, se reía:
—¡Qué carita de pascua! le decía.
¿Puede haber más ridículo visaje?
Vaya, que eres un raro personaje.
¿Por qué no has de vivir alegremente
Con la pájara gente[362],
Seguir desde la aurora
Á la turba canora
De jilgueros, calandrias, ruiseñores,
Por valles, fuentes, árboles y flores?
—Piensas á lo vulgar: eres un necio,
Dijo el solemne Buho con desprecio:
—Mira, mira ignorante,
Á la sabiduría en mi semblante;
Mi aspecto, mi silencio, mi retiro
Aun yo mismo lo admiro.
Si rara vez me digno, como sabes,
De visitar la luz, todas las aves
Me siguen y rodean; desde luego
Mi mérito conocen: no lo niego.
—¡Ah, tonto, presumido!
(El hombre dijo así) ten entendido
Que las aves, muy lejos de admirarte,
Te siguen y rodean por burlarte.
De ignorante orgulloso te motejan,
Como yo á aquellos hombres que se alejan
Del trato de las gentes,
Y con extravagancias diferentes
Han llegado á doctores en la ciencia
De ser sabios no más que en la apariencia.
De esta suerte de locos
Hay hombres como buhos, y no pocos.

FÁBULA V

La Mona.

Subió una Mona á un nogal
Y cogiendo una nuez verde,
En la cáscara la muerde;
Con que la[363] supo muy mal.
Arrojóla el animal,
Y se quedó sin comer.
Así suele suceder
Á quien su empresa abandona,
Porque halla, como la Mona,
Al principio que vencer.