FÁBULA VI

Esopo y un Ateniense.

Cercado de muchachos,
Y jugando á las nueces,
Estaba el viejo Esopo
Más que todos alegre.
—¡Ah pobre! ¡ya chochea!
Le dijo un Ateniense.
En respuesta el Anciano
Coge un arco que tiene
La cuerda floja, y dice:
—Ea, si es que lo entiendes,
Dime, ¿qué significa
El arco de esta suerte?—
Lo examina el de Atenas,
Piensa, cavila, vuelve,
Y se fatiga en vano,
Pues que no lo comprende.
El Frigio[364] victorioso
Le dijo:—Amigo, advierte,
Que romperás el arco
Si está tirante siempre:
Si flojo, ha de servirte,
Cuando tú lo quisieres.
Si al ánimo estudioso
Algún recreo dieren,
Volverá á sus tareas
Mucho más útilmente.

FÁBULA VII

Demetrio y Menandro.

Si te falta el buen nombre,
Fabio en vano presumes
Que en el mundo te tengan por grande[365] hombre
Si más que por tus galas y perfumes.
Demetrio el faleriano[366] se apodera
De Atenas; y aunque fué con tiranía,
De agradable manera
Los del vulgo le aclaman á porfía.
Los grandes y los nobles distinguidos
Con fingido placer la mano besan
Que los tiene oprimidos.
Aun á los que en el ocio se embelesan,
Y á la poltrona gente
Los arrastra el temor al cumplimiento:
Con ellos va Menandro juntamente,
Dramático escritor de gran talento,
Cuyas obras leyó, sin conocerle,
Demetrio. Con perfumes olorosos
Y pasos afectados entra: al verle
Llegar entre los tardos perezosos,
El nuevo arconte[367] prorrumpió enojado:
—¿Con qué valor se pone en mi presencia
Ese hombre afeminado?
—Señor, le respondió la concurrencia,
Es Menandro, el autor.—Al punto muda
De semblante el tirano:
Al escritor saluda,
Y con grata expresión le da la mano.

FÁBULA VIII