La Hermosa y el Espejo.

Anarda la bella
Tenía un amigo
Con quien consultaba
Todos sus caprichos:
Colores de moda,
Más ó menos vivos,
Plumas, sombreretes[437],
Lunares y rizos
Jamás en su adorno
Fueron admitidos,
Si él no la[438] decía:
«Gracioso, bonito».
Cuando su hermosura
Llena de atractivo,
En sus verdes años
Tenía más brillo,
Traidoras la roban
(Ni acierto á decirlo)
Las negras viruelas
Sus gracias y hechizos.
Llegóse al espejo:
Éste era su amigo,
Y como se jacta
De fiel y sencillo,
Lisa y llanamente
La verdad la dijo.
Anarda furiosa,
Casi sin sentido,
Le vuelve la espalda
Dando mil quejidos.
Desde aquel instante
Cuentan que no quiso
Volver á consultas
Con el señor mío[439].
Escúchame Anarda:
«Si buscas amigos
Que te representen
Tus gracias y hechizos,
Mas que no te adviertan
Defectos, y aun vicios
De aquellos que nadie
Conoce en sí mismo;
Díme ¿de qué modo
Podrás corregirlos?»

FÁBULA VII

El Viejo y el Chalán.

Fabio está, no lo niego, muy notado
De una cierta pasión que le domina;
¿Mas qué importa, señor? si se examina
Se verá que es un mozo muy honrado,
Generoso, cortés, hábil, activo,
Y que de todo entiende
Cuanto pide el empleo que pretende.
Y qué, ¿no se le dan?... ¿por qué motivo?...
Trataba un Viejo de comprar un perro
Para que le guardase los doblones.
Le decía el Chalán estas razones:
—Con un collar de hierro
Que tenga el animal, échenle gente:
Es hermoso, pujante,
Leal, bravo, arrogante;
Y aunque tiene la falta solamente
De ser algo goloso...
—¿Goloso? dice el Rico; no le quiero.
—No es para marmitón[440], ni despensero,
Continúa el Chalán muy presuroso,
Sino para valiente centinela.
—Menos, concluye el Viejo:
Dejará que me quiten el pellejo
Por lamer entre tanto la cazuela.

FÁBULA VIII

La Gata con Cascabeles.

Salió cierta mañana
Zapaquilda al tejado
Con un collar de grana,
De pelo y cascabeles adornado.
Al ver tal maravilla,
Del alto corredor y la guardilla[441]
Van saltando los Gatos de uno en uno;
Congrégase al instante
Tal concurso gatuno[442]
En torno de la dama rozagante,
Que entre flexibles colas arboladas
Apenas divisarla se podía.
Ella con mil monadas
El cascabel parlero sacudía;
Pero cesando al fin el sonsonete,
Dijo, que por juguete,
Quitó el collar al perro su señora,
Y se lo puso á ella.
Cierto que Zapaquilda estaba bella:
Á todos enamora,
Tanto que en la gatesca compañía,
Cuál dice su atrevido pensamiento,
Cuál se encrespa celoso;
Riñen éste y aquél con ardimiento,
Pues con ansia quería
Cada Gato soltero ser su esposo.
Entre los arañazos y maullidos
Levántase Garraf, Gato prudente,
Y á los enfurecidos
Les grita:—Noble gente,
¡Gata con cascabeles por esposa!
¿Quién pretende tal cosa?
¿No veis que el cascabel la caza ahuyenta
Y que la dama hambrienta
Necesita sin duda que el marido,
Ausente y aburrido,
Busque la provisión en los desvanes,
Mientras ella cercada de galanes,
Porque el mundo la vea,
De tejado en tejado se pasea?—
Marchóse Zapaquilda convencida,
Y lo mismo quedó la concurrencia.
¡Cuántos chascos se llevan en la vida
Los que no miran más que la apariencia!

FÁBULA IX

El Ruiseñor y el Mochuelo.