El Asno vestido de León.

Fábula V.—Libro V (pág. 108).

—Nunca aspira á ser león
El cordero.
—¡Qué discreto!
—El bruto que con su piel
Una vez se disfrazó,
Causa de su afrenta dió
Á los que burlaron de él.
La ocasión de estar perdido
El mundo, es porque cualquiera,
No contento con su esfera,
Se eleva desvanecido.
Viste seda el oficial
Porque anhela á ciudadano:
Y éste con la hacienda vano,
Ser quiere al hidalgo igual;
El hidalgo, caballero,
Y el caballero, marqués;
Éste príncipe, y después
El príncipe, rey severo:
El rey, hasta emperador
No para siempre anhelando,
Y así se van despeñando,
Desde el esclavo al señor.
Si el hijo del jornalero
En la hacienda se ocupara,
El oficial trabajara,
Y, contento el caballero
Con lo que el cielo le ha dado,
No saliera de compás
Pretendiendo valer más,
Todo anduviera ordenado.
Yo, en fin, que en mi esfera estoy,
Ansí mi oficio entretuve,
Padre que fué sastre tuve,
Sastre nací, y sastre soy.
(Tirso de Molina, Santo y Sastre).

El Asno cargado de reliquias.

Fábula VIII.—Libro IV (pág. 85).

En un librillo he leído
Que en un jumento llevaban
Una diosa que adoraban
Con el respeto debido,
Los que la oían pasar,
Hincándose de rodillas;
Cuyas altas maravillas
Pudo el jumento pensar
(Como en fin era jumento)
Que eran por él, y paróse.
Viéndolo el dueño, enfadóse
Del soberbio pensamiento,
Y pegándole muy bien,
Le dijo con voz furiosa:
—No es á ti, sino á la diosa.
(Lope de Vega, Los Tellos de Meneses).

La Gata mujer.

Fábula XVI.—Libro V (pág. 118).