Conocí un hombre en Atenas
Que pidió á Venus le hiciese
Mujer, con ruegos y ofrendas,
Una gata dominica,
Quiero decir, blanca y negra.
Estando en su estrado un día,
Con moño y naguas de tela,
Vió pasar un animal
De aquestos, como poetas,
Que andan royendo papeles;
Y dando un salto ligera
De la tarima al ratón
Mostró que, en naturaleza,
La que es gata será gata,
La que es perra será perra.
(Lope de Vega, El Castigo sin venganza).
Congreso de los Ratones.
Fábula VIII.—Libro III (pág. 69).
Juntáronse los ratones
Para librarse del gato
Y, después de un largo rato
De disputas y opiniones,
Dijeron que acertarían
En ponerle un cascabel;
Que andando el gato con él
Guardarse mejor podían.
Salió un ratón barbicano,
Colilargo, hociquirromo,
Y encrespando el grueso lomo,
Dijo al senado romano,
Después de hablar culto un rato:
—¿Quién de todos ha de ser
El que se atreva á poner
Ese cascabel al gato?
(Lope de Vega, La Esclava de su Galán).
La Corneja y el Águila.
Es variante de la Fábula, El Grajo vano (pág. 94).
Asistir quiso á la boda
Del águila, mas se halló
La corneja tan sin galas,
Que adornó el cuerpo y las alas
De varias plumas que hurtó
Á otras aves; de manera
Que apenas llegó á las bodas,
Cuando conocieron todas
Sus plumas, y la primera
El águila la embistió
Á cobrarlas con tal furia,
Que para la misma injuria
Ejemplo á las otras dió.
—Detente: ¿qué rabia es ésta?
(Dijo la corneja) advierte
Que sólo por complacerte
Y por venir á la fiesta
Más brillante, las hurté.
Y el águila respondió:
—Necia, ¿por ventura yo
Pudiera culpar tu fe,
Siendo tu fortuna escasa?
Cuando galas no trujeras,
Ó con las tuyas vinieras
Ó estuviéraste en tu casa.
(Alarcón, No hay mal que por bien no venga).