— Tome Vd. los seis reales; que se los doy por tal de no verla.

Al dia siguiente se repitió la misma escena.

— ¿Otra te pego? esclamó D. Martin. ¡Pues no es mala mosca de caballo esta!

— Señor, repuso la tia Latrana sin dejarse intimidar, á mi comadre la han mandado administrar.

— Al cura con eso.

— Pero son precisas unas velitas, para adornar el altar.

— Tome Vd. para las velitas y toque de suela, precipitada y definitivamente.

Pero al dia siguiente se halló D. Martin ante sus narices, como llovida del cielo, á la tia Latrana, con aspecto fúnebre.

— Tia Latrana ó tia Letrina, esclamó el señor.—¡Vd. se ha empeñado en acabar con mi paciencia, caracoles!

— Señor, dijo esta con voz lúgubre, murió mi comadre.