— ¡Aleluya! requiescat in pace. ¿A qué, pues, viene Vd. ahora?
— ¡Señor, por lo mismo!... para que haga su mercé la caridad de pagarle el entierro.
— ¿Esa tambien? Vamos, eso lo hago con gusto; así me dé Vd. pronto ocasion de ejercer la misma obra de misericordia con Vd. Y ahora pues, tia Barrabas, hasta el valle de Josafat.
¡Vana ilusion! porque á la mañana siguiente se apareció la tia Latrana cuando ménos se pensaba.
— ¡Qué es eso! esclamó D. Martin atónito. ¿Vd. por acá? es Vd. peor que una terciana doble; ¡caracoles con Vd.!
— Señor D. Martin, vengo porque mi comadre...
— ¿Qué es eso de mi comadre? dijo estático D. Martin.
— Señor, la probecita...
— ¿Qué me viene Vd. con la probecita? ¿pues no se murió?
— Sí señor, pero...