— Vaya Vd. al demonio con cinco ó seis piés.

— Señor, dice el méico que se le ponga una docenita de sanguisuelas.

— ¡Una docena de culebras de vara y media!

— Señor, si no se le ponen, se muere de una vez.

— A bien que le tengo pagado el entierro.

— Señor, ¿la dejará su mercé morir?

— A bien que resucitará.

— Señor, eso es una falta de caridad.

— ¿Qué es esto, deslenguada? ¡Decirme á mí falta de caridad, cuando hasta adelantadas les tengo pagadas sus necesidades!

— Señor, no me entretenga su mercé; que las sanguisuelas urgen.