— ¿Ves tú? le dijo este al oido, ¿ves, Malva-rosita, cómo es bueno ser rico?

— ¡Mejor es bueno! contestó ella.

— Uno y otro, repuso D. Martin. Para hacer una buena obra en forma, se necesitan tres cosas, pichona; la ocasion, los medios y la buena voluntad; es como la Trinidad. Tres en uno. ¿Estás? ¡Ea! añadió en recia voz dirigiéndose á las criadas; basta ya de aspavientos; ¡callarse! No parece sino que he hecho alguna cosa del otro juéves. Ea, señora, — dijo á su mujer que habia quedado impasible, mirando lo que habia hecho su marido como la cosa mas natural y sencilla, — mande Vd. estos cansados cencerros que me tienen atolondrado, cada una á su obligacion. Mira, María Bódrios, añadió dirigiéndose á la cocinera, si está pegada la olla, te advierto que te despido. ¿Qué hay que comer?

— Lomo, señor; y carnero dorado.

— ¿No hay aves?

— No señor.

— Pues que no vuelva á suceder: te tengo dicho que cuando no haya ave de tiro eches mano á las del corral; que carne de pluma quita del rostro la arruga; pero tú tienes memoria de embudo, y yo no soy reloj de repeticion, ¡caracoles! Mira que para la cena quiero pollos.

— Martin, acuérdate de que de penas y cenas están las sepulturas llenas, dijo doña Brígida.

— ¡Qué... señora! Mascar miéntras ayuden los dientes, respondió el marido.

Las criadas se fueron.