— Señora, creo que el estilo lo forman en iguales partes la dialéctica, la sintáxis y la lógica.
— No le define así el grave y clásico Diccionario, cuando dice que «es el modo y forma de hablar de cada uno,» repuso Clemencia. No lo define así tampoco un crítico de gran entendimiento y de gran práctica literaria, que, bajo el seudónimo de lector de las Batuecas, ha escrito en el Heraldo, cuando dice: «Creemos que en materia de estilo, lo esencial para un escritor es tener uno suyo propio, espontáneo, que no se confunda con ningun otro, que viva por sí.» Yo os daré algunas obras, Paco, en cuyo estilo están perfectamente observadas las reglas de dialéctica, de la sintáxis y de la lógica, y apostemos un ramo de flores contra una libra de dulces, á que no concluís su lectura. ¿Qué pensais vos, Vizconde?
— Pienso como vos, señora, que no es solo en España, donde cada cual da un sentido, que varía, á esta voz. Sin cansaros con muchas citas, referiré algunas para probar este aserto. El gran Buffon dice: El estilo es el hombre, y creo es de las cosas mas poéticas y espirituales que se han dicho. Y no entendais que quiero decir con esto spirituel, palabra que he visto traducida de esa suerte, siendo así que lo que entre nosotros se llama esprit, es una cosa que vosotros con vuestro brillante caudal de voces, y como muy prácticos en la materia, subdividís en las categorías de agudeza, gracia, chiste, chispa, talento é ingenio, que todas forman parte ó son nacidas del entendimiento, que es en frances esprit. Decia, pues, que al decir Buffon el estilo es el hombre, en lugar de materializarlo en un objeto confeccionado por el arte y las reglas, lo hace una inspiracion, y tan peculiar al hombre como la bella voz que sale de la garganta del ruiseñor. Un escelente crítico moderno lo define, «regla del buen gusto en el arte de espresarse.» El eminente Balzac dice claramente, que «el estilo no está en las palabras, sino en las ideas,» y creo que este gran escritor — que crecerá á medida que pase el tiempo como profundo y elevado árbol — era juez en la materia. Lamartine dice que «la mujer no tiene estilo, y que esta es la razon por la que todo lo espresa tan bien,» de lo que se puede inferir que si bien el estilo es cosa que se aprende y sujeta á reglas, no es necesario para decir bien, al contrario, espresaria mejor una idea la persona á quien no sujetase esta regla. Por lo que á mí toca, entiendo que el estilo es á la espresion, lo que es la poesía al pensamiento. Creo á ambos hijos de la inspiracion; y así como, segun dice el afamado Bulwer, hay poetas que nunca han soñado en el Parnaso, creo que hay estilos que nunca se han modelado en la Academia. El mismo Voltaire, ese famoso Aristarco, ha dicho que el estilo de Mad. de Sévigné es la mejor crítica de estilos estudiados.
— Decís bien, Vizconde, y definís la idea que en mí vivia muda. La versificacion es el arte, la poesía la inspiracion. Y así como por mas que digan nuestros grandes jueces, hay, segun dice Bulwer, poetas que nunca han soñado en el Parnaso, y eminentes versificadores que nos admiran, sin ser por eso poetas; así tambien hay admirables lengüistas con mal ó pesado estilo; y estilos que encantan por su gracia, su elegancia, su originalidad y chiste, sin tener la ventaja del perfecto lenguaje.
— ¿Habeis visto el nuevo drama, Clemencia? dijo Paco.
— No lo he visto, pero lo he leido, contestó esta.
— ¿Y qué os parece?... ¿os gusta?
— Me gusta y no me llena.
— Es disparatado, opinó Sir George.
— ¡Ya!... como que no es clásico. El Señor D. Jorge, Clemencia, es un clásico intolerante, como vos una creyente idem: para el señor no hay perfeccion en literatura, sino en lo clásico, como para vos no hay perfeccion en la fe sino en la del carbonero.