— El cuidado será mio, madre.

Constancia agarró el brazo de la enferma con el mayor cuidado y suavidad.

— ¡Jesus! ¡qué manos tan duras tienes! le dijo esta: ¡cómo me oprimes!

— Temia que os cayeseis, madre: estais tan débil...

— Ya: pero el remedio es peor que el mal. Eufrasia, dáme el brazo; que mi hija es muy torpe.

Doña Eufrasia ayudó á Constancia; Alegría no se movió, y aprovechó el rato que estuvieron solos para hacer una escena á Paco Guzman, á la que dió motivo la alusion á la viuda que habia hecho Doña Eufrasia. Alegría acertó que se referia á Clemencia, y dijo de su prima cuanta maldad se le vino á las mientes.

Entraron en seguida D. Galo, D. Silvestre y las otras personas que aun se reunian en casa de la Marquesa, las que aquella noche echaron ménos al Marques de Valdemar, que no concurrió.

Alegría estaba inquieta.

— ¡Es cosa rara! dijo de repente D. Silvestre.

— ¿Qué cosa? preguntó escamada Alegría.