— Muy pronto estoy á darla, dijo sin alterarse D. Galo que lo oyó; pero no como el señor lo entiende. Yo defiendo á mis amigos; pero no me bato sin motivo: ademas, un hombre de bien no puede defender con honor sino una buena causa, y la mia no lo seria. Mi satisfaccion es esta: lo que he dicho, lo acabo de inventar, pues nunca he oido sino elogios del bizarro y pundonoroso jefe que manda el regimiento de lanceros, y lo inventé solo y únicamente para tener el placer de hacer patente que el señor es un verdadero y leal amigo que no otorga con su silencio, ni autoriza con no desmentirla, la calumnia con que se ultraja en su presencia á un ausente amigo suyo.

¡Con cuánto placer estamparíamos aquí que un silencio conmovido siguió á estas palabras, y que el oficial se acercó á su antagonista y apretó su mano, concediéndole de esta manera un noble triunfo de sentimiento! Empero como no inventamos, y somos sencillamente pintores de la realidad, tenemos que decir que no fué así. En nuestro país mas se conoce y se simpatiza con el heroismo que con la sensibilidad bien entendida; en él se halla mas elevacion de alma que delicadeza de corazon, á no ser en los afectos de amor y en los religiosos.

Así sucedió, que una alegre risa fué la que acogió las palabras de D. Galo, en la que fué el primero el finamente lisonjeado oficial, celebrando todos lo ingenioso, y no sintiendo lo conmoviente del ardid de que se habia valido D. Galo para defender su causa.

D. Galo, que obraba por su buen instinto, y no analizaba sus bellas inspiraciones, quedó plenamente satisfecho con el pequeño triunfo de amor propio que le cupo al oir las risas y el clamor que por todas partes se levantaba, en estas y otras esclamaciones:

— ¡Bien, bien, Pando! eso se llama un ardid de buena ley para batir á un contrario.

— La palma á D. Galo, que ha desprestigiado á Hércules, probando que vale mas maña que fuerza.

— ¡Bravo, Pando! esclamó un estudiante; la sociedad de la paz os va á votar una corona de copos de lana.

— Campeon de ausentes, dijo un aprendiz de diplomático; sois un Talleyrand virtuoso, un Pozzo di Borgo sensible, y un Metternich arcádico.

— D. Galo, dijo Lolita, David va á romper las cuerdas de su arpa por rabiosa envidia.

— Señor de Pando, esclamó el oficial, me teneis vencido y agradecido, cosa de que solo vos y las buenas mozas se han podido jactar.