Alegría soltó el trapo á reir.
— Esto no se puede tolerar, murmuró Constancia.
Su madre les echó mirada severa.
— Quita la ensaladera, dijo con admirable paciencia á su discípulo, y en su lugar pon el frito.
— ¡Qué mala carne! observó esta despues de un rato, al partir la de la olla.
— Pues la pedí de regidor, dijo Pepino; pero los carniceros son unos ladros.
— Calla, mandó la Marquesa.
Pepino se revistió de su seriedad, y se puso en su posicion.
El primer plato de que se componia el segundo servicio, era un pollo asado.
— ¡Ah! esclamó al colocarlo en medio de la mesa el nuevo criado con la cara mas alegre y animada que nunca: ¡qué hermoso gallo para comerlo entre tres amigos, y dos durmiendo!