— Muy mala, contestó esta lacónicamente.
— Es buena señal, porque la mala en el juego, la presagia buena en amor.
— Así lo espero.
— Me temo que la mala sea para el que os ame.
— ¡Ojalá de ello se convenciera el que tan mal gusto tuviese!
— ¿No habrá acaso escepcion? preguntó el Marques á quien las palabras secas y el tono brusco de Constancia causaron estrañeza.
— ¡Los espejuelos de Mahoma! dijo en voz grave y clara D. Galo, sacando el número ocho.
— Bruno, advirtió Constancia fijando sus grandes y brillantes ojos en su inmutado amante, ¿no cubres el ocho, y lo tienes dos veces?
— ¡Qué bien adaptados están los espejuelos de Mahoma á la vista de mi hermana! observó Alegría.
— Marques, añadió, ¿quereis cartones? Va de dos veces que tengo la bondad de ofrecéroslos.