Venian en este momento acercándose Alegría y su amiga á este grupo.
Fernando, apoyado el cuerpo en su remo izquierdo, y cruzado de brazos, las miraba con insolencia.
— ¡Qué linda es! dijo uno de los presentes: no hay duda que es la mas bonita de cuantas muchachas encierra Sevilla.
— No tal, repuso Fernando Guevara; que lo es mucho mas la que le sigue con esa señora, que será su madre.
— No es su madre, es su tia, la Marquesa de Cortegana.
— ¿Y la niña?
— Se llama Clemencia Ponce.
— No vi criatura mas hermosa, dijo Fernando.
— ¿Te ha dado flechazo? le preguntó uno de sus compañeros.
— Esas flechas de plumas de marabú, dijo otro, no dan flechazo á Guevara; le hieren mas las flechas con plumas de pajarracos ménos pulidos.