— Mi gusto no está contratado, repuso Fernando; es libre como el aire.
— Pues hombre, tú que no eres amigo de suspirar en balde, no debes picar tan alto.
— Es que si se me antoja suspirar, no suspiraré en balde, dijo Fernando.
— Hombre, esclamó uno de sus compañeros, te sabia arrogante; pero no te sabia fatuo.
— Apostemos, dijo pausadamente Fernando.
— Está loco, esclamaron todos á una voz.
— Apostemos, repitió Guevara con la misma calma.
— Fernando, te estás poniendo en ridículo; mira cómo se rien; estás haciendo el oso, dijo á media voz un amigo suyo.
— Apostemos, repitió por tercera vez Fernando; pero no una onza ni dos, sino media talega: ¿quién la lleva?
— Yo, dijo un rico jóven de Sevilla, indignado de la insolente presuncion del oficial.