—Se llama Venus—repuso José.
Manuel soltó la carcajada. Había bebido más de lo regular, y tenía el vino alegre, como suele decirse.
—Don Federico—dijo Manuel—, ¿quiere usted que le dé un consejo, como más antiguo en la cofradía?
—Calla, por Dios, Manuel—le dijo Dolores.
—¿Quieres dejarme en paz?, si no, vuelvo la grupa.
Oiga usted, don Federico. En primer lugar, a la mujer y al perro, el pan en una mano y el palo en la otra.
—Manuel—repitió Dolores.
—¿Me dejas en paz, o me vuelvo?—contestó Manuel; Dolores calló.
—Don Federico—prosiguió Manuel—, casamiento y señorío, ni quieren fuerza ni quieren brío.
—Hazme el favor de callar, Manuel—le interrumpió su madre.