Distinguíanse aún los cantos de los bebedores.

—¡Viva la Mancha que da vino en lugar de agua!

Dolores calló, temerosa de que Manuel realizase su amenaza.

—José—dijo Manuel a su cuñado, que también era de la comitiva—, ¿está la luna llena?

—Por supuesto que sí—repuso el pastor—. ¿No le ves lo que le está saliendo del ojo?, ¿a que no sabes lo que es?

—Será una lágrima—dijo Manuel riendo.

—No es sino un hombre.

—¡Un hombre!—exclamó Dolores plenamente convencida de lo que decía su hermano—. ¿Y quién es ese hombre?

—No sé—respondió el pastor—; pero sé como se llama.

—¿Y cómo se llama?—preguntó Dolores.