—Esta es la reina doña Isabel II—dije yo para mí—. Pues no, señor, no era la reina. ¿Saben ustedes quién era? ¡Ni más ni menos que la Gaviota, la malvada Gaviota, que andaba aquí descalza de pies y piernas! Lo primero que sucedió con el vergel, había sucedido con ella; la Gaviota descalza de pies y piernas, se había llevado el demonio y en su lugar había puesto una principesa. Yo estaba cuajado. Cuando menos se pensaba, entra un señor mayor muy engalanado. Estaba que echaba bombas, ¡qué enojado!, ponía unos ojos..., ¡caramba!, dije yo para mi chaleco, no quisiera yo estar en el pellejo de esa Gaviota. A todo esto, lo que me tenía parado era que reñían cantando. ¡Vaya!, será la moa por allá, entre la gente de fuste. Pero con eso no me enteraba yo bien de lo que platicaban: lo que vine a sacar en limpio fue que aquél sería el general de don Carlos, porque ella le decía padre, pero él no la quería reconocer por hija, por más que ella se lo pidió de rodillas.

—¡Bien hecho!—le grité—, duro a la embustera descarada.

—¿A qué te metiste en eso?—le dijo su abuela.

—¡Toma! como que yo la conocía y podía atestiguarlo; ¿no sabe usted que quien calla otorga? Pero parece que allá no se puede decir la verdad, porque mi vecino que era un celador de policía me dijo: «¿Quiere usted callar, amigo?»

—No me da la gana—le respondí—; y he de decir en voz y en grito, que ese hombre no es su padre.

—¿Está usted loco o viene de las Batuecas?—me dijo el polizonte.

—Ni uno ni otro, so desvergonzado—le respondí—; estoy más cuerdo que usted y vengo de Villamar, donde está su padre legítimo, tío Pedro Santaló.

—Es usted—me dijo el madrileñito—un pedazo de alcornoque muy basto; vaya usted a que lo descorchen.

Me amostacé y levanté el codo para darle una guantáa, cuando Nicolás me cogió por un brazo y me sacó fuera para ir a echar un trago.

—Ya he caído en la cuenta—le dije—; ese general es el que quiera esa renegada Gaviota que sea su padre. De muchas iniquidades había yo oído hablar; de muertes, robos, hasta de piratas; pero eso de renegar de su padre, en mi vida he oído otra.