—Y a todo esto, ¿quién es usted?—dijo la tía María, después de haberle dado una taza de caldo—. ¿Cómo ha venido usted a parar enfermo y muriéndose a este despoblado?
—Me llamo Stein, y soy cirujano. He estado en la guerra de Navarra, y volvía por Extremadura a buscar un puerto donde embarcarme para Cádiz, y de allí a mi tierra, que es Alemania. Perdí el camino, y he estado largo tiempo dando rodeos, hasta que por fin he llegado aquí enfermo, exánime y moribundo.
—Ya ve usted—dijo la tía María al hermano Gabriel—, que sus libros no están en hebreo, sino en la lengua de los cirujanos.
—Eso es, están escritos en la lengua de los cirujanos—repitió fray Gabriel.
—¿Y de qué partido era usted?—preguntó la anciana—: ¿de don Carlos o de los otros?
—Servía en las tropas de la reina—respondió Stein.
La tía María se volvió a su compañero, y con un gesto expresivo, le dijo en voz baja:
—Este no es de los buenos.
—¡No es de los buenos!—repitió fray Gabriel, bajando la cabeza.
—Pero ¿dónde estoy?—volvió a preguntar Stein.