—Un poco más lejos encontró al viento, que estaba tendido y casi exánime en el suelo:
«Querido Medio—pollito—le dijo—, en este mundo todos tenemos necesidad unos de otros. Acércate y mírame. ¿Ves cómo me ha puesto el calor del estío; a mí, tan fuerte, tan poderoso; a mí, que levanto las olas, que arraso los campos, que no hallo resistencia a mi empuje? Este día de canícula me ha matado; me dormí embriagado con la fragancia de las flores con que jugaba, y aquí me tienes desfallecido. Si tú quisieras levantarme dos dedos del suelo con el pico y abanicarme con tu ala, con esto tendría bastante para tomar vuelo y dirigirme a mi caverna, donde mi madre y mis hermanas, las tormentas, se emplean en remendar unas nubes viejas que yo desgarré. Allí me darán unas sopitas y cobraré nuevos bríos.»
«Caballero—respondió el malvado pollito—: hartas veces se ha divertido usted conmigo, empujándome por detrás y abriéndome la cola, a guisa de abanico, para que se mofaran de mí todos los que me veían. No, amigo; a cada puerco le llega su San Martín; y a más ver, señor farsante.»
—Esto dijo, cantó tres veces con voz clara, y pavoneándose muy hueco, siguió su camino.
En medio de un campo segado, al que habían pegado fuego los labradores, se alzaba una columnita de humo. Medio—pollito se acercó y vio una chispa diminuta, que se iba apagando por instantes entre las cenizas.
«Amado Medio—pollito—le dijo la chispa al verle—: a buena hora vienes para salvarme la vida. Por falta de alimento estoy en el último trance. No sé dónde se ha metido mi primo el viento, que es quien siempre me socorre en estos lances. Tráeme unas pajitas para reanimarme.»
«¿Qué tengo yo que ver con la jura del rey?—le contestó el pollito—. Revienta si te da gana, que maldita la falta que me haces.»
«¿Quién sabe si te haré falta algún día?—repuso la chispa—. Nadie puede decir de este agua no beberé.»
«¡Hola!—dijo el perverso animal—. ¿Con que todavía echas plantas? Pues tómate esa.»
—Y diciendo esto, le cubrió de cenizas; tras lo cual, se puso a cantar, según su costumbre, como si hubiera hecho una gran hazaña.