Y con esto se salió al patio y dijo a Marisalada que cantase una canción.
Esta, con su acostumbrado desabrimiento, se negó a ello.
En este momento entró Momo mal engestado, precedido de Golondrina cargada de picón.
Traía las manos y el rostro tiznados y negros como la tinta.
—¡El rey Melchor!—gritó al verlo Marisalada.
—¡El rey Melchor!—repitieron los niños.
—Si yo no tuviera más que hacer—respondió Momo rabioso—que cantar y brincar como tú, grandísima holgazana, no estaría tiznado de pies a cabeza. Por fortuna don Federico te ha prohibido cantar; y con esto no me mortificarás las orejas.
La respuesta de Marisalada fue entonar a trapo tendido una canción.
El pueblo andaluz tiene una infinidad de cantos; son estos boleras ya tristes, ya alegres; el olé, el fandango, la caña, tan linda como difícil de cantar, y otras con nombre propio, entre las que sobresale el romance. La tonada del romance es monótona y no nos atrevemos a asegurar que puesta en música, pudiese satisfacer a los dilettanti, ni a los filarmónicos. Pero en lo que consiste su agrado (por no decir encanto), es en las modulaciones de la voz que lo canta; es en la manera con que algunas notas se ciernen, por decirlo así, y mecen suavemente, bajando, subiendo, arreciando el sonido o dejándolo morir. Así es que el romance, compuesto de muy pocas notas, es dificilísimo cantarlo bien y genuinamente. Es tan peculiar del pueblo, que sólo a esas gentes, y de entre ellas a pocos, se lo hemos oído cantar a la perfección: parécenos que los que lo hacen, lo hacen como por intuición. Cuando a la caída de la tarde, en el campo, se oye a lo lejos una buena voz cantar el romance con melancólica originalidad, causa un efecto extraordinario, que sólo podemos comparar al que producen en Alemania los toques de corneta de los postillones, cuando tan melancólicamente vibran suavemente repetidos por los ecos, entre aquellos magníficos bosques y sobre aquellos deliciosos lagos. La letra del romance trata generalmente de asuntos moriscos, o refiere piadosas leyendas o tristes historias de reos.
Este famoso y antiguo romance que ha llegado hasta nosotros, de padres a hijos, como una tradición de melodía, ha sido más estable sobre sus pocas notas confiadas al oído, que las grandezas de España, apoyadas con cañones y sostenidas por las minas del Perú.