Los dos amigos subieron sobre cubierta, donde no tardaron en encontrar al hombre que buscaban.
El comisionista, que hablaba algo de español, entabló conversación con él, y después de algunas frases triviales, le dijo:
—¿Se ha ido a la cama su amo de usted?
—Sí, señor—respondió el criado, echando a su interlocutor una mirada llena de penetración y malicia.
—¿Es muy rico?
—No soy su administrador, sino su ayuda de cámara.
—¿Viaja por negocios?
—No creo que los tenga.
—¿Viaja por su salud?
—La tiene muy buena.