GÓMEZ TIZOL, Manuel.—Profesional.

Nació en San Juan el 6 de enero de 1842. Manifestó desde niño grandes aptitudes para la música y con su tío José Belén Tizol, aprendió lo elemental del arte y de la flauta, ingresando, muy joven aún, como flautín en la banda del regimiento de Cataluña. Cumplido el término de su contrata, tomó lecciones de su instrumento favorito, con el gran Flautista francés, Don Carlos Alard, durante el tiempo que éste permaneció en el país.

Lleno de justa ambición y no proporcionando el arte otros emolumentos materiales que los precisos para cubrir las necesidades de la vida, abandonó la profesión ingresando en el cuerpo de Administración militar, trasladándose, como tal empleado, a Santo Domingo, cuando la guerra del 1864.

Sorprendido por una partida enemiga cuando comandaba la conducción de un convoy, fué herido gravemente, por lo cual, y en premio de sus servicios, el gobierno español le otorgó la cruz de la orden de Isabel la Católica, con pensión vitalicia.

Retornó, para convalecer de la herida, a Puerto Rico, volviendo al ejercicio de la profesión, hasta que en 1866, se trasladó a Cuba, ocupando un puesto en la administración militar del Hospital de Cárdenas.

En Cuba fueron muy apreciadas sus condiciones de flautista, pues frecuentemente tomaba parte como concertista en actos públicos. Permaneció en la antilla hermana hasta unos meses antes de que estallara la revolución del 1868.

De nuevo en su país y retirado ya del servicio militar, en 1870 fué nombrado inspector de policía del primer distrito de la capital, en cuyo destino permaneció hasta su muerte acaecida el 2 de marzo de 1914. En 1886 fué a España, y en Madrid y Barcelona lo calificaron como un virtuose de la flauta. Tuvimos el honor de presentarle a nuestros maestros del Conservatorio, los que, después de oirle tocar, nos manifestaron que era un gran artista, que podía mostrarse ante cualquier público de Europa.

Su agilidad era asombrosa, y así como Dueño sobresalió en el doble picado, Gómez Tizol lo fué en los ligamentos de grandes frases, las que matizaba insinuando a veces ligeros picados de garganta sin romper la unidad del ligado. Su tono de emisión era dulcemente expresivo. Tenía especial gusto en ponerse a tocar en la sala de su casa y a obscuras, después de media noche, semejando su flauta ora al ruiseñor, ora melodías celestes de desconocido instrumento.

Además de la flauta, tocaba con delicada expresión el "Copófono", instrumento de copas de cristal de roca, que él mismo confeccionó y por el cual le concedieron en la Feria de Ponce, diploma de honor y accésit.

GUERRERO, Pedro.—Semi-profesional.