Nació en 1850, siendo San Juan la ciudad en donde meciérase su cuna. Fué discípulo de Salvador Laloma. A los 17 años obtuvo por oposición la plaza de requinto del Batallón de Madrid. En 1872 era el músico mayor de la Banda de Bomberos de Mayagüez. En 1880, Don Sandalio Callejo lo llevó de nuevo a San Juan, colocándolo de requinto en la Banda del 1er. Batallón de Voluntarios, de la que era Músico Mayor, y de ayudante en la Academia de Música del Asilo de Beneficencia, de la que era director. En 1881 obtuvo por oposición la plaza de primer clarinete de la orquesta de capilla permaneciendo en ella hasta su disolución por el cambio de nacionalidad. A la muerte de Callejo le sucedió como músico mayor de Voluntarios y cuando falleció Jaime Bastard, fué nombrado Director de la Academia de Beneficencia. En 1901 fué el Director-organizador de la Banda de la Policía Insular, hasta que fué disuelta en 1908.

Perteneció hasta hace poco tiempo como primer clarinete de la orquesta del teatro y era el director de la del Casino Español. Ya entrado en años, continúa su labor de maestro. Fué el instructor de la Banda Escolar de Fajardo; de la cadetes de la Universidad, en Río Piedras y actualmente lo es de la Municipal de Manatí. Como clarinetista fué (pues ya apenas lo toca) un profesor competente, leyendo y transportando a primera vista.

Como director, su gran práctica le hizo siempre salir airoso y como preceptor, posee el don de trasmitir con facilidad fundamentando la enseñanza en el perfecto conocimiento del solfeo.

VILELLA, Rosa.

Natural de Humacao, discípula de Don Ignacio Otero. Ejerce desde años la profesión en su pueblo natal con notable aprovechamiento, distinguiéndose entre muchas de sus discípulas la señorita Pepiña Montoto.

Manatí, 29 de octubre de 1915.

APÉNDICE.

CAPÍTULO ÚLTIMO.

No por vanidad de autor, sino, únicamente, con el fin de que pueda saberse que en Puerto Rico llegó a formularse un proyecto para organizar la enseñanza musical en debida forma, reproducimos, como apéndice de este libro, las Bases que, en noviembre de 1898, presentáramos, después de haber sido sancionadas por los maestros Gutiérrez, Arteaga, Chavier, Dueño Colón, Anita Otero, Verar y otros más, a la consideración del entonces Secretario de Fomento, Don Salvador Carbonell, y que, aceptadas en principio por éste, no llegaron a cristalizarse en Ley, porque las circunstancias especiales del cambio reciente de nacionalidad, reclamaron la atención de los legisladores en asuntos de carácter más urgente.