He aquí el proyecto:
Bases que para la organización general de la enseñanza de la Música, en Puerto Rico, presenta el Profesor que suscribe a la consideración del Hon. Secretario de Fomento.
PREÁMBULO.
Las artes, esas sibilas que, en todos los tiempos descubren con todos los atractivos de la belleza los misterios del alma porque representan todos los sentimientos; esas inspiraciones de todos los siglos que, después de glorificar al hombre privilegiado que las cultiva, engrandecen a las naciones, las hermanan y conservan su memoria cuando el tiempo las borra de la faz de la tierra; las artes, repito, constituyen uno de los principales elementos en el desarrollo de la cultura de los pueblos.
Hijas del pensamiento de la Divinidad, hablan sólo a las almas; para todas tienen consuelo y son, en la historia del mundo, una cadena que enlaza los pueblos y las civilizaciones, las ideas y los sentimientos.
Su influencia es directa y, aunque diferentes en la forma, todas tienden a un mismo fin, todas pueden llegar a producir análogos efectos.
Careciendo de los conocimientos necesarios para tratar de ellas en general, me limitaré a estudiar, con arreglo a mis facultades, el estado en que se encuentra la enseñanza del arte musical en Puerto Rico, sintetizándolo, cuanto me sea posible, en este preámbulo, ya porque no debe ser muy extenso, ya también, porque no hace mucho tiempo, publiqué en El Diario Popular, de Mayagüez, una serie de artículos, sobre el mismo tema y no quiero pecar de repetido.
La música, ese hermoso lenguaje del alma, que nació con el primer hombre y perfeccionándose con él, ha llegado a su mayor grado de apogeo, ha creado una sociedad universal, ha puesto en comunicación a las más apartadas regiones, ha dado medios de desplegar todos sus encantos a la pintura, escultura y arquitectura escenográficas y ha venido a constituir una verdadera necesidad, lo mismo en las capitales más civilizadas, que en los pueblos y caseríos más apartados.
Su estudio, al parecer sencillo, requiere, aparte del temperamento especial, una serie de sacrificios y una lucha tal de dificultades que no todos pueden vencer; porque para ser un buen músico, un verdadero artista, no basta vencer las mayores dificultades del instrumento, pues eso que es puramente mecánico, sólo manifiesta ciertas disposiciones ejercitadas con empeño y perseverancia, pero nunca ingenio y reflexión; y el artista, que debe ser instruído, debe haber reflexionado mucho sobre su arte, debe conocer los objetos que se propone imitar; en suma, debe presentir los efectos que pueda causar, pues de otro modo, nunca será más que un autómata que trabaja, salga lo que salga, y, falto de principios, no podrá estar seguro de acertar y complacer.
Entre nosotros existe una disposición privilegiada para el cultivo de la música, pero, en los dieciocho años que llevo dedicados a la enseñanza, en distintas poblaciones de la Isla, he podido apreciar que, en general, no marcha por la senda de la escuela moderna.