No siempre su argumentación, que no puede calificarse de sofisticada, es convincente, sobre todo cuando juzga hechos y obras que están en contradicción con las exquisiteces de su temperamento y gusto artístico.

Las varias controversias que ha sostenido en pro del clasicismo, bajo todos sus aspectos, al que rinde fanático culto, le han hecho ser juzgado por algunos como enemigo recalcitrante de la música regional.

Tal imputación está erróneamente aplicada, pues la gran cultura artístico-literaria que él posee no le permitirá negar el valor relativo que han tenido y tienen, dentro de la arquitectura del arte musical, las composiciones del género popular o regional. Los grandes maestros han inspirado muchos números de sus obras famosas en melodías, canciones y bailables de naturaleza regional, las qué, en su mayor parte, son la expresión del sentimiento religioso o estado de la conciencia popular de la época en que se produjeron.

Lo que ha ocurrido a Chavier es, que cuando retornó de Francia, esperaba encontrar alguna roca en donde cimentar el idealista templo con que soñara para engrandecer el culto del arte portorriqueño, y al encontrarse que el subsuelo, en su mayor parte, estaba constituído por el poco compacto terreno de la música regional, del que brotaban, casi exclusivamente, las fuentes de inspiración de los compositores, dijo para sí: "cuando la base natural no existe, puede construirse artificialmente", y empleando el cemento armado de la exageración en el ataque hacia la música regional, y más especialmente en contra de los bailables, dió principio a la cimentación, que, a pesar de las protestas de los colindantes, va destacando los muros, pues al presente se presta mayor atención al género clásico o severo y muchos de los compositores noveles lo cultivan con bastante fortuna.

Chavier, y nos permitimos asegurarlo sin que él nos contradiga, no desdeña la danza; lo que no tolera, y en esto debe secundársele, es que sea ella el único objetivo de nuestro pueblo, como finalidad artística.

A las cualidades descritas, honrosos laureles que orlan su nombre prestigioso, hay que agregar la propaganda tenaz, teórica-práctica, en pro de la buena música, y su conciencia como preceptor.

Es un propagandista incansable. Teóricamente, si se acepta la expresión, no cesa de traducir y dar a la publicidad, todo lo que encuentra en la prensa extranjera, relacionado con el movimiento artístico contemporáneo; en la práctica, fué el alma mater del gran certámen convocado en el pasado año por la "Liga Progresista" de Ponce, del que damos amplios detalles en la sección "Certámenes" de este libro.

Como preceptor es severo en el fondo, aunque delicado en las formas de trasmisión. Su plan de estudios, ajustado al del Conservatorio de París, en donde se educara, lo hace cumplir estrictamente a los alumnos. Posición, pulsación, independencia y aplicación correcta de los dedos, igualdad del mecanismo, colorido, articulado, pureza y claridad de expresión, precisión de los movimientos, manejo adecuado de los pedales, todo lo observa, corrige y enseña con pulcritud y maestría. Con tal escuela, ¿cómo no ha de obtener discípulos de mérito?

Consideramos que si Chavier pudiera sustraerse del aislamiento voluntario en que se ha encerrado y con un medio ambiente más propicio, que puede obtener, pone completamente de relieve todo su valor artístico, su gran carácter cívico y su honradez profesional, servirían para levantar el arte, que languidece, entre otras causas, por falta de caracteres en la orientación.

He aquí la relación de sus obras: