Cuando conocí al Maestro Gutiérrez frisaba este en los cuarenta. Había nacido en 1825. Vestía siempre de negro y era gran bebedor de café y fumador empedernido.
Tal era el hombre.
Veamos ahora como era el artista.
Gutiérrez fué, cual otro Campeche, un inspirado que, sin preparación adecuada y guiado sólo por su fantasía inagotable, escribió más de trescientas composiciones, en las que abarcó todos los géneros, el de la ópera inclusive. De ésto último son gallardas muestras las partituras de Guarionex, Macías y El Bearnés. Escribió también una zarzuela titulada El Amor de un Pescador.
La ópera Guarionex, cuyo libro fué escrito por Alejandro Tapia, obtuvo un lisonjero éxito la noche de su estreno, habiéndose repetido después unas cuantas veces.
Pero en donde más descolló el genio musical de Gutiérrez fué indudablemente, en el género religioso.
Siendo maestro de Capilla de la Catedral de San Juan, hizo un profundo estudio del Canto Gregoriano, y aún cuando no lo aplicó en toda su pureza, tomó de él sus elementos de tonalidad y utilizó, como tema para sus misas, los himnos con que la Iglesia Católica celebra las principales festividades del año. Tal es la base sobre la cual descansan las últimas producciones religiosas del maestro, entre otras, las misas de la "Circuncisión," "Purificación", "Corpus-Christi" etc., etc.
En todas sus composiciones demostró siempre un delicado gusto estético. Era, además muy hábil contrapuntista. Sentía predilección por la música pura, y era admirador ferviente de Mozart. Esto no obstante, en sus obras teatrales,—en Guarionex sobre todo—, se nota la influencia de Donizetti.
Desdeñaba el aplauso de la muchedumbre, dándose por satisfecho con la aprobación de sus discípulos, cuya opinión, así como la de su inteligente hermana Justina, solicitaba siempre con ahinco. No componía música por lucro, puesto que jamás cobró nada por sus producciones; y, sin embargo, tal era la necesidad que tenía de dar salida a su desbordante inspiración, que escribía incesantemente, de día y de noche, hasta enfermar.