La música de Gutiérrez podría subdividirse en dos estilos o maneras: comienza la primera con la misa en do mayor de que ya nos hemos ocupado, terminando con la misa de la Purificación. A partir de esta obra, ya empieza a notarse una nueva tendencia en las composiciones del maestro; tendencia fatal a nuestro juicio, pues ella consistía en sacrificar la forma melódica (que era en lo que más descollaba el maestro), para amoldarse, según decía a las exigencias de la nueva escuela. (?)
Pero a pesar de esa explicación del maestro, lo que hay de verdad en el asunto es que un crítico musical de aquella época, se lamentaba de que la música religiosa de Gutiérrez fuera tan melosa, al extremo de distraer el fervor religioso de los oyentes, inspirándoles cierta sensación mundana. De ahí el que nuestro músico, tomando a pecho la impertinente censura del crítico, cambiara completamente de rumbo, y comenzara a torturar su inspiración melódica, escribiendo una música de carácter más bien sinfónico que religioso; y es por eso que la gloria y el credo de sus últimas misas no son otra que tiempos de sonata para orquesta con acompañamientos de las voces, es decir: una forma contraria en todo a la que siempre había empleado. Y lo peor del caso es que el maestro no encontró la fórmula que perseguía, o sea la que tanta fama diera a Palestrina, Pergolesse, Victoria y Morales; por más que queriendo imitar al autor de la Improperia utilizaba como tema de sus composiciones las melodías del canto llano.
Y éste fué el gran error del maestro. No tuvo en cuenta que los grandes maestros modernos que han escrito música religiosa, entre ellos, Bellini, Mercadante, Rossini y Verdi, y aún el mismo Mozart en su Requiem y en el Ave Verum no trataron de imitar a los maestros del siglo XVI, sino que escribieron música religiosa a su modo y tal como ellos la sentían. Por otra parte nuestro biografiado escribía para la orquesta de Capilla de la cual fué director por espacio de cuarenta años, y con su nueva tendencia de dar preponderancia a la orquesta sobre las voces, sus composiciones resultaban tan deficientes como la orquesta para la cual escribía. En efecto: dicha orquesta carecía de Viola, Oboe y Fagot. En cambio tenía dos trompas, dos clarinetes y un bombardino; siendo la proporción de seis instrumentos de viento por cinco de cuerda. Varias veces aconsejamos al maestro la substitución del segundo clarinete por un oboe, la del bombardino por un fagot y las dos trompas por otro violín y una viola; y aún cuando algo intentó en ese sentido, parece que a dicha reforma se oponía el Cabildo de Catedral y hubo que desistir de ello.
Vamos a terminar este trabajo, ya extenso en demasía.
Después de la muerte de Gutiérrez, ocurrida en 1900, ya nadie volvió a acordarse de que había existido tal artista, hasta hace algunos años que dos buenos portorriqueños, Federico Degetau y Emilio del Toro Cuebas, organizaron una velada en el Ateneo para honrar la memoria de Gutiérrez.[20] Falta ahora que la actual Directiva del Ateneo haga colocar en sus salones un retrato del maestro, junto a los señores Tavárez y Campos.
Antes de terminar, séanos permitido dar aquí una reseña, con algunos comentarios, no de todas las obras del maestro, porque llenaría tantas páginas como las que llevamos escritas, sino de las composiciones más conocidas y que ponen más de relieve las extraordinarias facultades artísticas del autor.
MÚSICA RELIGIOSA.
Misa pequeña en do mayor, a dos voces y orquesta, con un delicioso Benedictus obligado a flauta. Misa pequeña en la menor, a dos voces. (El Qui Tollis de esta misa es un bello cantabile a dos voces, de exquisita factura). Misa de la Circuncisión, a tres voces. Misa de la Purificación, a tres voces. Misa de la Anunciación, a tres voces. Misa de Jueves Santo, (Kirie y Gloria solamente), a tres voces. Misa del Corpus, a tres voces. Misa de la Ascensión, a tres voces, (con un bellísimo ofertorio.) Misa de Noche-Buena (tiene una zortzico encantador con variaciones para el violín, la flauta y los clarinetes). Misa de San Juan, a 4 voces y gran orquesta. Misa de Santa Cecilia, a 4 voces, coro y gran orquesta. (Premiada con medalla de oro en un Certámen). Requiem, a dos voces y orquesta. Requiem, a tres voces, de mayores dimensiones que el anterior. Miserere, a tres voces y orquesta. (Una de las más inspiradas obras del maestro. El estilo de esta composición, a veces sombrío y a veces patético, inspirábale al que la oye cierta sensación de pavor; tal es la fuerza de expresión que empleó el maestro en casi todos los pasajes de la obra). Las Siete Palabras, para 4 voces y orquesta. (En esta obra, de factura muy descuidada, no estuvo el maestro a la altura de su reputación). Segunda lamentación, a tres voces. Tercera lamentación, en sol menor, a tres voces. (Es esta, tal vez, la obra en que con más profusión produjo el maestro el tesoro de su vena inagotable. Por otra parte, ¡qué amarga tristeza revela esa música sublime! Creyérase que el autor se propuso en esa obra traducir al lenguaje de los sonidos las crueles vicisitudes de su vida; la amargura de ver como iban desapareciendo sus hermanas, una a una, minadas por la tisis; sus apuros económicos, y, por añadidura, la guerra sorda, que a causa de sus ideas políticas, le declararon ciertos elementos reaccionarios, que formaban parte de la orquesta de Capilla. Nos parece estar oyendo todavía al maestro cuando entonaba con su voz de barítono la famosa frase de Jeremías: Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum. Parecía dirigirse a sus enemigos, exhortándoles a que se arrepintieran del mal que le hacían, ¡Pobre Maestro!). Magnificat, a tres voces y coros. (Un bello cántico a la Virgen, escrito desde 1860, que no llegó a terminar nunca, por lo que hubo la necesidad de suprimir parte de la letra a fin de que pudiera cantarse). Totta Pulchra, para Coros y orquesta. (En esta obra se empleó por primera vez en Puerto Rico el saxofón). Novenario de Nuestra Señora de Belén. Novenario de San Francisco. Novenario de San Juan Bautista, de Santa Rosa de Lima, de San Miguel y Septenario de Dolores. Gran salve a cuatro voces, coros y orquesta. Grandes Letanías a cuatro voces, coros y orquesta: tituladas Así-Así. (Tienen la particularidad de que el 1er. Agnus Dei, está escrito para voces solas, habiendo puesto en los papeles de la orquesta, la parte de canto correspondiente a cada instrumentista.) Letanías Jesuitas, para tres voces, coros y orquesta. Además de innumerables salves, letanías y peticiones, escritas para alternarlas en los distintos novenarios que por entonces se celebraban anualmente en San Juan.