Ángel Mislán ha muerto pobre, pero no abandonado, pues el pueblo de Barceloneta en general y especialmente los señores Agustín Balseiro y Fernando Suria le atendieron en todo, dando a sus restos decorosa y cristiana sepultura.

Los músicos de Arecibo, que durante muchos años fueron sus compañeros en orquestas de baile, acompañados del digno vice-cónsul español Don Ángel Sáenz, jefe que fué de Angelito cuando dirigía la banda del tercer batallón de Voluntarios, vinieron expresamente a rendirle el último homenaje de amistad y compañerismo.

CAPÍTULO XI.

MORELL CAMPOS, JUAN.
maestro-compositor.

En la hermosa Ciudad del Sur de la isla, en donde, el rítmico vaivén de las olas caribeanas, la cadenciosa ondulación de gramíneas y palmeras, el suave rumorar de frondas y arroyuelos, el centelleo del sol sobre la dilatada campiña, la placidez de las noches estivales, y la brisa refrigerante de las montañas que medio la circundan, son acentos melódicos que, contrapuntados por el espíritu luchador y progresista de los moradores, preludian fragmentos delicadísimos de la gran sonata que incesantemente entona la naturaleza en honor del Creador; en los dominios de esa bella Sultana, que tan fecunda ha sido para producir artistas; en Ponce, repetimos, nació el 16 de Mayo de 1857, el genial Juan Morell Campos, elegido por el Divino Artista para traducir en notas de inimitable expresión, las penas y alegrías, las añoranzas e ilusiones de este pedacito de tierra americana llamado Boriquén.

Sus primeros estudios de música los hizo con Don Antonio Egipciaco, y luego de haber practicado la técnica de algunos instrumentos, llegando a ser un flautista notable y a dominar, en absoluto, las dificultades del bombardino, aunque sin poseer la dulzura de tono o emisión que diera fama a Mislán, recibió algunas lecciones de armonía y composición del pianista-compositor Tavárez. Ingresando después como bombardino solista, en la banda del batallón Cazadores de Madrid, completó en ella los conocimientos de instrumentación y Dirección, la cual asumía en ausencia o enfermedades del músico mayor, Don José Valero.

Tavárez, desde las primeras lecciones que diera a Campos, reconoció la precocidad de su talento artístico, augurándole grandes triunfos; pero la inconstancia del preceptor, hizo al discípulo, cosa fácil para los elegidos, formarse solo, como ocurriera a Bach, Hayden y otros de los grandes maestros del arte.

Terminada su contrata militar, organizó en Ponce una orquesta con la cual empezó sus campañas de compositor.

Sus primeras danzas, aunque no tan bellas ni tan ricamente armonizadas como las que después se han hecho inmortales, fueron infiltrándose en el sentimiento colectivo del pueblo que ya empezaba a rendirle adoración, repercutiendo los primeros sonidos del clarín de su fama por los ámbitos de la Isla.