Hasta el año de 1882, puede decirse que su personalidad artística no se destacó vigorosa y radiante.
La Feria-Exposición que en ese año celebróse en Ponce, fué el campo de acción en donde, a semejanza de los griegos en los juegos olímpicos, obtuvo, los primeros laureles que orlaron su frente.
Fué dicha Feria un grandioso exponente, no tan sólo de la cultura general del país, agrícola, industrial, artística e intelectualmente considerada, sí que también una manifestación, no superada hasta hoy, de los grandes elementos, bajo todos sus aspectos, que integraban al pueblo ponceño, el cual se encontraba en el apogeo de su refinamiento social, de sus grandes iniciativas, y en donde el valor cívico en pro de las libertades políticas se manifestó, después, vigorosamente.
Juan Morell Campos, obtuvo entonces, medalla de oro y diploma de honor por su sinfonía La Lira, escrita para gran orquesta; y medalla de plata—segundo premio—en el concurso de orquestas de concierto, al que valerosamente se presentara con la que, en una semana y a instancias de sus admiradores, organizó para discutir el triunfo.
Muerto Tavárez al siguiente año de la Feria, Campos fué justamente proclamado como su digno sucesor en el reinado de la música regional portorriqueña.
Dice, Mad. Gjertz en su libro, "La música desde el punto de vista moral y religioso", "Toda expresión de belleza es un acto de amor que, a este título, solo a Dios debemos. Mientras nada amamos, creemos hacer bastante cumpliendo con nuestros deberes, si es posible cumplirlos sin amar a Dios; más, apenas enardece nuestro corazón el amor, nos sentimos inclinados a realizar mil delicadezas que salen del dominio de lo útil para constituir lo bello. Toda forma de belleza es, pues, una forma de amor. El mismo Dios nos dá un ejemplo de ello en la creación; un campo de trigo u hortaliza no nos recuerda el amor divino, como una flor. Si Dios pudiese tener deberes, el campo de trigo sería una manifestación de este deber, que consistiría en proveer a nuestras necesidades, y la flor, esta graciosa y encantadora chuchería inútil, lo que realmente es, manifestación del amor de Dios. Las bellas artes, son hijas de la necesidad que tiene el corazón humano de embellecer, es decir, de amar."
Nos ha parecido oportuno reproducir el bellísimo párrafo anterior, porque, en nuestro concepto, la fuerza avasalladora del amor, conmoviendo las fibras del corazón y agitando las células del cerebro de Campos, le hizo, con febril inspiración, producirse en toda la potencialidad de su genio.
El arte absoluto fué la síntesis de su amor, y las formas impulsivas de expresión, el amor pasional y el amor patrio.
Si Tavárez supo encarnar en sus obras el espíritu doliente, tímido y soñador del pueblo de su época, Juan Morell Campos, que floreció en otra muy distinta, condensó, con maestría, en los variados ritmos de sus danzas y en las rapsodias de sus marchas y overturas orquestales, el estado de la conciencia popular, agitada por las luchas incesantes en pro de la libertad política.
Y en cuanto a las manifestaciones del amor pasional, ¿no expresan los pensamientos melódicos de sus danzas el flujo y reflujo del inmenso océano del amor, que ora agitado por el vendaval de los celos, ora plácido y transparente tras de un coloquio, siempre está rumorante y nunca satisfecho?