Maldito Amor, Ten Piedad, Bendita Seas, Sin tí Jamás, Mis Penas, Alma Sublime, Horas Felices, Idilio, Cede a mi ruego, Dí que me Amas, Cielo de Encantos, Tuya es Mi Vida, Vano Empeño, son el compendio de la historia de amores... que, tal vez correspondidos, nunca traspasaron los linderos del ensueño.
La Lira, obertura, Saludo a Ponce, tanda de valses, Juegos florales, marcha triunfal, Puerto Rico, sinfonía, y otras composiciones didácticas, que oyéramos en su orquesta, analizadas psicológicamente, dan cabal idea de sus sentimientos pro-patria.
Sin vacilación, calificamos las obras de Campos como verdaderamente artísticas, porque responden a los principios fundamentales de la Verdad, de la Belleza y de la Bondad.
Son verdaderas, porque el pensamiento inicial, bien expuesto y mejor desarrollado por la preceptiva, expresa el sentimiento religioso del pueblo de aquella época; son bellas, porque sin prescindir de los preceptos de la composición, expanden libremente la inspiración melódica con gradaciones de tono, colorido y expresión tan sutiles y delicadas, que conmoviendo los sentimientos, los arroban y subyugan; y son buenas, porque impresionan el sentido moral, elevan el espíritu hasta las regiones del idealismo y producen siempre, en los oyentes, deliciosas y nobles sensaciones.
Morell Campos nació para el arte, vivió por el arte y murió dentro del arte.
Cultivó todos los géneros de la composición; pero el público, que en general solo conoce sus danzas y alguna que otra obra didáctica, ignora que, en el género religioso rayó a gran altura, dejando escritas, entre coros, misas, gozos, salves, letanías y plegarias, más de 60 obras, sin contar las alegorías fúnebres, muy sentidas y de gran valor orquestal.
Para la escena lírica compuso las zarzuelas en un acto. Un día de Elecciones y Un viaje por América, y otra en dos actos, titulada: Amor es Triunfo, representándose todas, con gran éxito, en el teatro La Perla de Ponce.
Además de los premios y laudos que obtuviera en la Feria del 1882, fué condecorado, en la exposición de San Juan, conmemorativa del 4º Centenario del descubrimiento de esta Isla, con diploma de honor y premio de cien pesos, por la gran sinfonía para orquesta denominada: Puerto Rico.
En 1895, el Casino de Mayagüez le otorgó diploma de Honor, por la marcha Juegos Florales, escrita expresamente para dicho centro social; y en la Exposición de Búfalo, le adjudicaron medalla de bronce y diploma por la citada marcha.