"Pertenece al arte del canto, en primer lugar, la buena calidad de la voz, la cual debe ser ágil, entonada, clara, robusta, flexible, grata, dulce y rica de extensión. Es necesario, además saber debilitarla o robustecerla a placer; manejar bien los alientos, ligar los sonidos, disminuirlos y destacarlos; pasar con rapidez de la voz de pecho a la de cabeza, y viceversa; pronunciar bien, articular con perfección y leer con facilidad las notas".[26]

El ejercicio respiratorio, que en el tecnicismo de la escuela de canto italiana se denomina il fiato, requiere un estudio especialísimo en consonancia con las facultades vocales, para que resulte la emisión correcta y pura de los sonidos, sin menoscabo de los órganos que los producen.

De ahí, que el estudio del canto sea el más difícil y escabroso entre todos los demás del arte lírico.

El preceptor de una voz, ejerce también una gran influencia en los resultados, pues si, no es un verdadero maestro, en lo absoluto de la expresión, o si carece de conciencia artística para aplicar sus conocimientos, puede, y se registran infinidad de casos, hacer malograr voces de condiciones naturales bellísimas, que educadas convenientemente hubieran alcanzado espléndidas finalidades.

Esa rama de la enseñanza musical ha estado en Puerto Rico casi huérfana de maestros, razón por la cual, con abundancia de voces, dentro de todas las texturas, hayan sido muy escasos los cantantes notables que se han producido.

Como profesionales, muy pocos pudiéramos citar, pero como han existido, y existen un buen número de diletantes, algunos de los que, si se hubiesen dedicado a la carrera artística, hubieran alcanzado puestos de honor, los nominaremos a todos, por si este libro perdurase, que en el mañana sirva nuestra ofrenda de recuerdo y homenaje a sus méritos.[27]

Para que los lectores puedan distinguirlos, tras de los nombres agregaremos, entre paréntesis, las letras P., o D., que indicarán la clasificación.

APONTE, Araceli.—P.—

Aunque nacida en Sevilla, España, su padre era portorriqueño.