Buenos Aires 3 de Abril (Domingo)
Post-data ó posta-horchata—Son tan malos los libros que pública la Biblioteca que el Gobierno y la Municipalidad de Buenos Aires han destinado sobre cuatrocientos pesos fuertes para comprar tomos del Tempe Arjentino, y distribuirlos como premios en las escuelas del Estado; mas ay! dicha cumplida solo en la otra vida! Cuando el Superior Gobierno y la Municipalidad tuvieron este patriótico, honorabilísimo y sublime pensamiento, la edicion nuestra, ¡oh dolor y remordimiento! [de no haber impreso siquiera otros mil ejemplares] estaba ya agotada; de manera que no pudiendo poner á disposicion del departamento de escuelas arriba de quince ó veinte tomos, el autor va á hacer otra edicion por su cuenta. ¿Que le parece á Vd. D. Carlitos?.... Cunde el mal gusto, no hay criterio, no se proteje la buena literatura nacional. Vamos: es cosa de tirar piedras.
Notas
[1] El Sr. Mitre, en la introduccion á su exelente Historia de Belgrano, fundándose en un párrafo de carta de Varela que he copiado en su Biografia (Galeria de celebridades Arjentinas), dice:—"Y murió tal vez dudando del pensamiento de Mayo". Yo puedo afirmar lo contrario; Varela escribió esa carta recien llegado al Janeiro, antes de haber reunido la copia de documentos y tradiciones que recibió de D. Bernardino Rivadavia, uno de los actores en la revolucion, y quizá el que mejor sabia explicarla. Seis renglones mas abajo de mi Biografia, hay otra carta de Varela que desvanece toda duda á ese respecto.
[2] En la sesion del 5 de Enero de 1850, dijo el célebre orador Mr. Thiers:—"El Sr. Varela, á quien todos hemos conocido, era uno de los hombres mas distinguidos que es posible encontrar en cualquier parte del mundo."
[3] J. B. Say, Trat. de Econ. Polit., lib. 1, cap. 21, § 5.
[4] Las piezas de cobre no son propiamente moneda;.... son una especie de cédula de crédito, ó de signo, que representa una porcion de plata, demasiado pequeña para acuñarla—(Say, Trat. de Econ. Polit. lib. 1.° cap. 21. §10.)
[5] Como cédulas de crédito que son las monedas de cobre, deberia el gobierno que las pone en circulacion, cambiarlas por plata, en el acto que se le presentasen, siempre que se las llevasen en número suficiente para igualar una pieza de plata; único medio de asegurarse de que no quedan en manos del público, sino las que son necesarias para los cambios—(Id. id.)