..............."el guerrero esforzado
Otra vez vencedor, y otra cantado;"
en cuyo cuerpo hizo toda la campaña de la Sierra, á las órdenes del Jeneral Arenales.—De regreso de ella, pasó de Ayudante mayor, en 1822, á un cuerpo de caballeria peruana, en el que hizo la campaña de la costa, é inmediaciones de Lima, al mando del Jeneral D. Domingo Tristan.
En 1823, elevado al grado de Sarjento Mayor, fué destinado al primer cuerpo de lanceros; que formaba parte de las fuerzas que, á las órdenes del Jeneral Santa Cruz, hicieron la penosa, é importante campaña de los Puertos Intermedios. En lo mas crítico de ella, fué mandado Olavarria con su escuadron á ocupar la ciudad de Cochabamba.
El enemigo, por un movimiento bien concebido y bien ejecutado, dejó aquel cuerpo enteramente cortado de la Division á que pertenecia; y cayó sobre él con fuerzas muy superiores. Olavarria, sereno en el conflicto, hábil para concebir, y rápido para ejecutar, emprendió una dificil retirada á los Yungas, donde el renombre jeneral Lanza mantenia el espíritu de independencia; y desafiaba, á fuerza de arrojo, de actividad, y de conocimientos locales, todo el poder de los realistas. A Lanza se incorporó Olavarria con todo su escuadron: reunidas despues todas las fuerzas de aquel jeneral, determinó atacar al enemigo, que, á las órdenes de Olañeta, ocupaba los Valles de Cochabamba. El éxito correspondió mal al arrojo: Lanza fué vencido, sus fuerzas exterminadas ó dispersas; y el Mayor Olavarria, obligado á escapar casi solo, y sin esperanza de encontrar allí nuevos elementos de resistencia, determinó arrostrar cualesquiera peligros, por reunirse á los compañeros á quienes habia dejado combatiendo sobre las costas. Acompañado de cuatro oficiales, sus particulares amigos, atravesó disfrazado varios pueblos que el enemigo ocupaba; hasta llegar desdespues de inmensos trabajos, y sorprender el Puerto de Arica, donde se apoderó de un mal buquecillo de cabotaje, que le condujo á la Capital del Perú.
El último tercio del año de 1823 fué funesto para las armas republicanas: parecia que el Ejército libertador del Perú habia perdido el espíritu que le animaba, con la ausencia de su Gefe, el General San Martin; que, en Setiembre del año anterior, habia dado el ejemplo único hasta entonces, sin imitacion despues—de abdicar en manos del Congreso Peruano, todos sus títulos, todo su poder militar y civil, alejandose para siempre de la escena política.
El Perú quedó todo en poder de los españoles, á escepcion de algunos Departamentos al Norte de Lima, donde se recojieron las reliquias de los ejércitos republicanos. El jénio y los auxilios de Bolivar los reorganizaron allí, y se emprendió de nuevo la campaña, que puso término á la guerra de la independencia.—El mayor Olavarria fué destinado á un cuerpo de nueva creacion, en el que se halló en la batalla de Junin; que, como todos saben, empezó por la derrota de los republicanos, y terminó por su completa victoria. Olavarria fué hecho prisionero al principio de la jornada, y rescatado despues en el mismo campo de batalla. Concluida esta, fué ascendido á comandante de escuadron, en cuya clase se halló en la memorable batalla de Ayacucho. Su comportacion allí escedió en bizarria á todo lo que hasta entonces habia hecho. A mas de la parte que tuvo en la batalla, fué destinado, despues de ella, á perseguir con su escuadron y una compañia de cazadores, la derecha enemiga, que se retiraba organizada; hizo prodijios de valor, desplegó extraordinaria actividad y tino; y regresó al campo de batalla conduciendo número muy considerable de prisioneros. Poco quedó que hacer, despues de la jornada de Ayacucho. Sin embargo, los realistas ofrecieron todavia alguna resistencia en el Alto Perú, y Olavarria participó tambien de todos los trabajos que fué necesario emprender para terminar la guerra. Entre otros, fué destinado á sofocar una insurreccion realista en Huamanga; varios encuentros tuvieron lugar; hasta que, al fin, sometió á los revolucionarios, concluyendo así sus servicios en la guerra de la Independencia, cuando literalmente no quedaba ya un enemigo á quien combatir.
El término de aquella lucha, despertó en Buenos Aires la idea de reconquistar la Banda Oriental, ocupada por el Brasil: á los cantos de triunfo de Ayacucho se mezclaban clamores de guerra contra el Imperio; y puede, con toda verdad, decirse que esa guerra habia sido declarada por el pueblo, antes que los gabinetes formulasen la declaracion. Olavarria oyó en el Alto Perú la nueva empresa á que su patria se preparaba: pidió inmediatamente á Bolivar permiso para dejar el servicio en su Ejército, y venir á ofrecer su brazo á su pais. El Libertador de Colombia se lo concedió, en términos muy honrosos, dándole, por sus servicios, los despachos de Coronel graduado, el 13 de Marzo de 1826.
En Julio de ese año estaba ya en Buenos Aires, donde el Presidente de la República le nombró Comandante de escuadron en un cuerpo de caballeria: pero en Agosto siguiente, le confió el mando y organizacion de ese Regimiento núm. 16, cuya fama ganada en la campaña del Brasil, dura todavia entre los militares del Rio de la Plata. Olavarria fué uno de los Jefes que mas brillaron en esa campaña, especialmente en la jornada de Ituzaingó, donde su escuadron se atrajo la admiracion de todos por su denuedo y su pericia. Allí fué herido Olavarria de un pistoletazo, por la primera vez. El General Alvear dijo en el boletin de aquella jornada: "Los bravos lanceros [era el cuerpo de Olavarria] maniobrando como en un dia de parada sobre un campo cubierto ya de cadáveres, cargaron, rompieron al enemigo, lo lancearon y persiguieron hasta una bateria de tres piezas, que tambien tomaron. El rejimiento 8 sostenia esta carga: fué decisiva. El Coronel Olavarria sostuvo en ella la reputacion que adquirió en Junin y en Ayacucho."
De vuelta de esa campaña, el coronel tomó la parte que todos sus compañeros en el movimiento de 1.° de Diciembre de 1828, en Buenos Aires. Vencidas las fuerzas del Jeneral Lavalle, Olavarria emigró á la República Oriental, que empezaba entonces su vida independiente: fijó su residencia en Mercedes, donde se entregó á ocupaciones enteramente pacíficas. De ellas le sacaron las injustisimas y estúpidas persecuciones que D. Manuel Oribe declaró, en obsequio á Rosas, contra todos los emigrados Arjentinos. El Coronel que ya entonces habia contraido matrimonio y formádose una familia, se reunió al General Rivera á quien acompañó en la adversidad y en la fortuna, combatiendo siempre por la libertad del pais que le asilaba, de la patria de sus hijos, que el habia adoptado por suya. Su espada sostuvo siempre, en este pais, la divisa del órden constitucional, y de los gobiernos legales.