"El retrato fué recibido en el atrio por el Sr. Cura con otros eclesiásticos, y colocado dentro del templo al lado del Evangelio. El templo estaba espléndidamente adornado; la magestad con que brillaba persuadia que era el tabernáculo del Santo de los Santos.

"La misa fué oficiada á grande orquesta; y la augusta solemnidad del coro no dejaba que desear Nuestro Ilustrísimo Sr. Obispo Diocesano, Dr. D. Mariano Medrano, asistió de medio Pontifical, y celebró nuestro digno Provisor, Canónigo Dignidad de presbítero D. Miguel Garcia—El Sr. Cura de la Catedral D. Felipe Elortondo y Palacios, desempeñó con la maestria que lo tiene acreditado, la dificil tarea de encomiar el mérito celestial del Arcangel San Miguel, mezclando oportunamente elocuentes trozos alusivos á la funcion cívica, en honor del héroe y en apolojía de la causa federal." [No. 4891 de la Gaceta Mercantil de Buenos Aires de 21 de Octubre de 1839.]

"Aunque nadie creerá jamas que escesos semejantes se practicasen sin el consentimiento—sin el mandato—de un gobierno como el de Rosas; y sobre todo, de un hombre tan humildemente sumiso y humillado ante el Altísimo, con todo damos en seguida otro documento que muestra que los empleados superiores de la administracion eran quienes dirijian esos atentados.

"Luego que el Sr. Inspector General dispuso la retirada del retrato empezó la marcha en el mismo órden siguiendo la columna por el espresado arco principal, y de este por la calle de la Reconquista hasta la casa de S. E.—Al salir de la Fortaleza el acompañamiento se empeñaron las Señoras en conducir el retrato de S. E. tirando del carro, que alternativamente habian tomado los Gerentes y Gefes de la Comitiva al conducirlo al Templo.—Las Señoras mostraron el mas delicado y vivo entusiasmo."—(Gaceta Mercantil de Buenos Aires N. 4,866 de 19 de Setiembre de 1839.)

Hechos como estos no necesitan comentario: pónganse esos documentos al lado de la carta al señor Brent; y pregúntese si habrá un hombre de bien que no rebose en indignacion al ver el insolente descaro del hipócrita que firmó ese último papel. Recomendamos, sobre todo, al señor Brent, la lectura de esos hechos rejistrados en los anales del gobierno á quien sostiene.

Marzo 6 de 1846.


[AJENTES EXTRANJEROS EN BUENOS AIRES.
REGULARIZACION DE LA GUERRA.]

El espíritu de la alianza paraguayo-correntina es lo mismo que sus fines, enteramente de civilizacion y de progreso. Los dos paises que la formaron miran la guerra como una fatalidad horrible, á que no tienen medio de substraerse, por que ningun otro camino deja la ambicion del enemigo comun, para conseguir lo que aquellos pueblos justísimamente demandan. Pero, ya que la guerra es inevitable, el deseo de regularizarla, de observar las prácticas mitigadoras introducidas por la civilizacion, aparece espresado por los gobiernos Correntino y Paraguayo en los manifiestos con que anunciaron al mundo su alianza. Ese mismo deseo hallamos ardientemente manifestado en los diarios Correntinos; y el Pacificador propone que se busquen, para conseguir fin tan santo, influencias que dén alguna esperanza de que Rosas no las resista.