"Segun nos enseña la esperiencia, (dice ese diario), seria inútil, cualquier invitacion á este respecto, enviada al tirano por nosotros; pero, quizá no sucederá lo mismo, si es invitado por los agentes extranjeros residentes en Buenos Aires, y nosotros nos tomamos la libertad de escitar su filantropia para que así lo hagan. ¿Qué paso mas honorable para los amigos del gobernador de Buenos Aires, para esos poderes que se conservan neutrales en la cuestion? Si nada se consigue, ellos habrán ganado mucho en la estimacion general, y todo el mundo acabará de persuadirse quien es el responsable de la sangre y de la miseria pública."
Esa misma idea del Pacificador fué públicamente propuesta por nosotros, mucho antes de que empezáramos la redaccion de nuestro diario; y Hoy reproducímos con gusto esas líneas del papel correntino, para que mas fácilmente lleguen á noticia de los ajentes extranjeros en Buenos Aires, á quienes son dirijidas. Nada, sin duda, les haria mas honor; ningun servicio mayor podrian hacer á ese pais en que residen, y en cuya suerte manifiestan interesarse.
Hay en la historia de las desgracias del Rio de la Plata, un vacio que hace sin duda alguna muy poco favor, á los diversos ajentes que han residido, durante ellas, al lado del dictador de Buenos Aires. Ni uno solo ha tenido jamas la santa idea de promover la regularizacion de la guerra—de esta guerra, cuyos horrores nadie mas que ellos han ponderado; marcando con el nombre de bárbaros á los pueblos donde se cometen.
Una interposicion desinteresada é imparcial, para mitigar los horrores de la guerra, es, sin embargo, lo único útil y favorable á los belijerantes, que pueden hacer los ajentes extranjeros, en casos de luchas como esta, en que deben permanecer neutrales. Muy léjos de eso, las desgracias del Rio de la Plata solo ofrecen el ejemplo de ajentes que han mirado con induljencia, cuando ménos, las mas inauditas atrocidades, de parte del dictador á cuyo lado han residido: y cuando sus gobiernos, ó la pública opinion les han pedido cuenta de esa deshonrosa induljencia, no han tenido á ménos declarar "que estos pueblos solo pueden manejarse por gobiernos fuertes;" dando este nombre á verdugos, armados, en nombre de la ley, con el poder mas despótico que se conoce. Pero, cuando quiera que los enemigos del dictador han ejercido contra él alguna represalia, esos mismos ajentes no han hallado espresiones con que clasificar hechos, que jamas llegaron á la centésima parte de los cometidos por Rosas, por que provocaron esas represalias. En una palabra, los ajentes que han residido al lado del dictador;—con algunas pocas escepciones que todos conocen—han sido parciales y fautores suyos; y no han pensado, por eso, en desempeñar la nobilísima mision de mitigar los males de la guerra. Y no se diga que no fueron para el lo solicitados, del modo mas ardiente y mas digno. En Enero de 1842, cuando la victoria de Caa-guasú, obtenida dos meses antes, habia aniquilado el poder de Rosas en Corrientes y Entre Rios, y puesto en manos de los vencedores multitud de prisioneros de todas clases y rangos; el jeneral Paz,—el mismo que dirije hoy de nuevo la guerra contra el dictador,—se dirijió al Sr. Mandeville, entonces plenipotenciario británico en Buenos Aires, por conducto del ajente que en esta capital tenia el gobierno correntino, para rogarle que promoviese con Rosas la regularizacion de la guerra.
Tenemos á la vista la nota que el Jeneral Paz dirijió entonces á ese Comisionado: y vemos en ella que aquel Jefe decia: que "á pesar de no tener un perfecto conocimiento del estado de las relaciones diplomáticas de los agentes extranjeros residentes en Buenos Aires con el gobierno de D. Juan Manuel Rosas, creia que ninguno era mas propio para llevar á cabo esa negociacion que el Caballero Juan H. Mandeville, indicado ya en el encabezamiento de esta nota. Los altos respetos de la Gran Bretaña," añadia el Jeneral, "la conocida filantropia del gobierno y de la nacion inglesa, el carácter y las recomendables calidades de su representante; y aun la especie de deferencia que D. Juan Manuel Rosas presta al Caballero Mandeville; todo me induce á creer que sea este Señor el mas indicado para llenar tan laudable objeto."
El Comisionado Correntino transmitió al Sr. Mandeville, ó copia íntegra de la nota del Sr. Jeneral, ó la substancia de ella, vaciada en otra del propio Comisionado. Pero aquel diplomático ni respuesta dió, siquiera por civilidad; con el pretesto, tal vez, de que el Comisionado Correntino no tenia, para él, carácter alguno público; como si esa circunstancia hiciese desatendible una comunicacion que á tan importante fin se dirijia.
En Montevideo, por el contrario, algunos ajentes extranjeros han procurado inducir al sitiador á regularizar la guerra; y, aunque todos recuerdan la insolente respuesta que Oribe dió al Comodoro Purvis, y el ningun resultado que semejantes tentativas han logrado siempre que se renovaron; eso no disminuye el mérito de los agentes que promovieron obra tan digna.
Ahora se invoca de nuevo la interposicion de los que residen al lado de Rosas, se invoca en los momentos en que nuevos ejércitos van á encontrarse sobre el campo de batalla, si es que no se han encontrado ya. ¿No habrá entre aquellos señores uno siquiera que oiga el llamamiento que se hace á su filantropia y á su humanidad? Esos ajentes, cuya amistad por Rosas los ha conducido á actos propiamente de partidarios, ¿no creen que podrán obtener de él, en recompensa de los servicios que le han hecho, la promesa de negociar con sus enemigos la regularizacion de la guerra? ¿No seria ese resultado mas aceptable á los ojos del que encerró la sangre del hombre en vasos tan escondidos, para que sus hermanos no se atreviesen á derramarla, que no los ayunos y rogativas propuestas por el Sr. Brent? ¡Oh! sí: que los Ajentes que Hoy residen al lado de Rosas, llenen ese vacio deshonroso, que existe en los anales de nuestras desgracias; que promuevan, con empeño y con firmeza, el canje de prisioneros y la regularizacion de la guerra; y habrán desempeñado un alto deber de humanidad, que quedará grabado en la memoria de estos pueblos.
Marzo 7 de 1846.