que la débil claridad en el bosque se disipaba

rastreó las huellas por donde anduvo,

y llevó al que tenía en los brazos donde procedió.

158.

Allá donde primeramente recaló,

cuando penetró en el bosque el aguerrido moro,

y, en una ancha y limpia roca,

amorosamente recompuso al que con él trujo.

159.

Sacó de sus provisiones algo que comer,