al moro piadoso y lágrimas descuajó

en respuesta a las palabras oídas,

reclinándose extenuado.

156.

Al cabo, ambos quedaron mudos,

sin lograr sobreponerse a los asaltos del dolor,

enajenados de ánimo, hasta que se escondió

y acostó Febo en su lecho de oro.

157.

Cuando notó el piadoso moro