de fijo el aliento se le habría ido.

171.

Te consta mi aprecio,

(dijo el persiano al escuchimizado duque);

deseo conocer el origen de tu desventura,

por si existe el remedio, aplicarlo.

172.

Contestó el cuitado que: no sólo el origen

de mi sufrimiento he de contar,

sino toda la vida desde que nací,