y todavía con mayor saña.

169.

Así que, apenas logró tocar

la alegría la membrana del corazón afligido,

la angustia la arrojó,

y su dardo, luego, hincó.

170.

Apesaramientos estrecharon nuevamente su pecho;

(yugo es el amor tan recio de sobrellevar),

y, si el moro de Persia no le consolase,