hoy, de alegría, le corrían, a chorros.

167.

Mis palabras no bastan a narrar cuán grande

fue el agradecimiento del maltraído,

y, no fuera el pesar por su amor sin ventura,

la alegría todo lo hubiera disipado.

168.

Que la pena de amor nacida,

por más que huya del pecho,

presto volverá,